Mucho tiempo llevaba yo
con ganas de acercarme. Curiosamente lo que me echaba para atrás eran los
comentarios sobre lo exagerado de sus cantidades. Uno ha llegado hace tiempo ya
a una edad donde salir de un restaurante con esa sensación de hartazgo tan
desagradable le espanta más que le anima.
El hecho de haber
incluído en su oferta un menú bistrot, más reducido, me ha hecho por fin acercarme. En buena hora. Esto ha sido……… la ostia.
La climatología es
adversa, aprovecho la imaginación de alguien que por ahí ha dicho que lo que
unos llamaron el diluvio universal aquí lo llamamos invierno, sin más. En casa
no nos vamos a quedar, así que recojo a Arantza en Romo y nos acercamos hasta
Urduliz en busca de tan renombrado local.
El restaurante está regentado por las hermanas de Joane Somarriba, deportista sin igual que tantas alegrías dio al deporte vasco de la bicicleta. Un retrato suyo preside el pequeño comedor de superior.
De entrada me resulta
muy agradable, decoración muy alegre, colores vivos que dan amplitud. Una barra
a la derecha, con un comodísimo sofá y un pequeño comedor a la izquierda que al
parecer es el del menú bistrot. La excelente sicología (no hablo del estudio de los higos) del más que profesional
camarero que nos ha hecho pensar en todo momento que era el propietario del
local, ha permitido que hoy tengamos la suerte de cenar en su comedor principal.
Buenas mesas, de estupendo tamaño y bien vestidas. Separación más que suficiente entre ellas. Preciosa vajilla, cubertería, cristalería….. original al cien por cien.
El menú consta de unos APERITIVOS, y después un entrante, un principal y un postre y lleva incluído el vino.
Hoy vengo yo a probar un vino en concreto, no lo he visto en otros locales y además está aquí a un precio de "ganga" sobre su precio de bodega.
Solo su nombre ya invita a beberlo: Qué bonito cacareaba. Había leído en la web
que la cosecha era de 2009 pero evidentemente ha pasado tiempo y el que nos
ofrecen es un 2012. Quizás hayamos cometido un “infanticidio” pero…… la madre
que le parió. Esto es un vinazo y no te
digo nada lo que puede resultar dentro de un par de años e incluso más. Yo, por
si las moscas, me he venido para casa con una botella que guardaré hasta que me
deje la paciencia. Creo que la relación del restaurante con la bodega es muy
estrecha y eso les permite tener este vino a un precio irisorio sobre el precio
de bodega. Eso sí, es un vino un tanto carillo. Su explicación tendrá, se
supone.
Mezcla inusual de
Garnacha blanca, Malvasía Riojana y Viura. Pasa ocho meses en barricas de roble
francés. En principio la nariz no me dice gran cosa pero a medida que va
pasando el tiempo gana matices. Los que saben dirían muchas cosas, imagino, pero
yo diré únicamente que si os gustan los blancos con cuerpo y con toque de
madera este es un vino que debéis probar.
Pues comienza el espectáculo con los ya nombrados APERITIVOS. Presentado todo en
originales recipientes. Procuraré explicarme pues con las emociones hay detalles que me he perdido. Comenzamos con una especie de … crema
de foie con cosas dulces. Es meter la cucharilla y disfrutar. Tal ha sido la arrancada que no me he quedado con la copla. Pero puedo prometer y prometo y no es el hambre característico del comienzo, que estaba riquísimo.
En una lata abierta
nos deleitamos con una ensaladilla riquísima con antxoas marinadas.
Mucho sabor a atún. Excelente.
Una salsa de queso con
toque de queso azul y con…¿ finas hierbas? Está para comerla con cuchara. Puro
vicio. Salmón con
“tropiezos”. Estoy con los ojos tan abiertos que creo que ni veo. Estoy
gozando, estoy salivando, estoy disfrutando……
Para “rematar” el
deleite nos acercan una botella de… ¿aceite?. Esto es ya la re-ostia. Un aceite
de color verde potente, un aceite de sabor a….. “gloria”. Un aceite que de te
dejan allí como si fuese agua, un aceite que es más caro que el vino que hemos
bebido. Concretamente es el Soto Marañon, variedad carrasqueña. Además es una botella de las pocas que han sacado en una tirada especial. Mi compi es “adicta” a estas cosas y ha estado
más que tentada de “robar” la botella. Se ha contenido.
Cuando pensábamos que
íbamos a empezar a “cenar en serio”, allí que nos vuelven a aparecer con una
degustación de croquetas y una crema de verdura que, a una temperatura ideal,
nos lleva a pensar en Popeye el marino. Espinacas…. Genial.
Las croquetas están a
cada cual más rica pero la que me
ha llevado al deleite final ha sido la de chorizo. Me ha transportado a las que
preparaba mi amatxu. Co-jonudas.
Por fin, hemos terminado con los aperitivos. Con la mano en el corazón y lo digo bien alto: a mi ahora mismo me sacas el postre y me quedo como “dios”.
Pero no, han decidido, ellos mismos sabrán el porqué, que uno se pregunte durante toda la cena si el Gobierno Vasco ha decidido subvencionarles y son capaces por ello de dar semejante festín por ese precio.
Pero no, han decidido, ellos mismos sabrán el porqué, que uno se pregunte durante toda la cena si el Gobierno Vasco ha decidido subvencionarles y son capaces por ello de dar semejante festín por ese precio.
Así que como entrantes
ella pide una ensalada de paleta artesana cocida al natural, parmesano, nueces
del país y frutas dulces. Yo he probado un trozo de jamón y realmente está
exquisito y no se andan con chiquitas en cuanto a la cantidad.
Yo me he decantado por
los raviolis de bacalao ajoarriero con crema de porrusalda y picatostes de ajo.
El relleno es de calidad, están jugosos
y sabrosos. Quizás la crema no haya terminado de emocionarme pero creo que es
un buen plato.
Como principal mi
opción ha sido (en cuanto leo algunas cosas me pierdo totalmente) manitas de txarri
rellenas de boletus con salsa bizkaina, Este es un plato que me satisface en el
noventa por ciento de las ocasiones en los que lo tomo y hoy no ha sido una
excepción. Para untar pan en la salsa y eso que hoy no es un día en el que
vaya uno sobrado de hambre.
Arantza se decanta por
la merluza de anzuelo sobre crema de tubérculos y azafrán con caldo de
cítricos. Viendo el pescado ya se observa que la calidad es alta y que el punto
está bien conseguido. Ella comenta que a su parecer tiene demasiado marcado el
toque cítrico, que hubiese disfrutado mucho más sin él. Son “aventuras” de
riesgo y la satisfacción del comensal depende mucho del suyo propio. Buen
pescado.
Llegan ya los postres
y tras un par de minutos de duda, nos decidimos. Ella por un flan de huevos de
caserío, queso fresco con crema helada de caramelo y salsa de frambuesa.
Yo que no soy
demasiado amigo de los flanes, lo pruebo y está cojonudo. Dulce, fresco a la
vez. Con un color que si no han usado colorantes demuestra esa calidad de los huevos.
Un amarillo potente. El toque caramelizado es agradable y la frambuesa produce
el deleite de quien sea admirador suyo. No es mi caso.
Yo me voy a por la
sopa de manzana reineta y vainilla con crema helada de lima. Me alegro
infinitamente, está riquísima y además es un postre muy refrescante y nada
empalagoso, vamos que es un postre ideal para terminar una cena como la de hoy.
Un par de trufas de
chocolate acompañan al café y a la infusión que por cierto llegan en unos recipientes
realmente originales. A la vista parecen unos vasos de plástico
deformados pero es vajilla de calidad y tremendamente distinta a lo habitual.
Pido encarecidamente a todo lector que en cuanto tenga ocasión se pase por esta “taberna” que no es otra cosa que un estupendo restaurante. Que si
tienen buen saque se decidan por su menú degustación y que si son menos
glotones se vayan a por el menú bistrot pero, por favor, no piquen nada antes.
El precio final
abonado hoy ha sido de 91 euros pero el vino solo ya son casi 40, asi que por
25 euros aquí se come de maravilla y en cantidad mucho más que suficiente. No
pasará demasiado tiempo y vendré, como un “valiente” a probar ese menú largo
que seguro me va a hacer disfrutar aún más de su estupenda cocina.
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