13 de mayo de 2018

RESTAURANTE REMENETXE (MUXIKA): Cuando habla "dios"... San Pedro se calla.


Hoy me querían llevar a cenar pollo asado…… No sabía yo muy bien como conseguir cambiar el plan pero un accidente en el sitio debido ha hecho que la ruta tuviese que modificarse. Así que tontamente, poco a poco, he “llevado al huerto” a la que, soy totalmente consciente de ello, se ha dejado “engañar”. Que más lista que yo es y además con diferencia.
La agradable noticia de esta semana en la que un verdadero crack en el asunto vinícola ha sido, por fin, el gran txapeldun en el campeonato de sumilleres del estado, hacía “necesario” la parada para saludar. Y digo yo, ya que hacemos parada….. no será conveniente también hacer fonda? Pues dicho y hecho. Así que reservo para un rato más tarde y nos acercamos a Gernika a tomar un cafecito.
A la hora estipulada regresamos hasta el Remenetxe donde nos recibe el flamante campeón. Todavía está un tanto en la nube pero pocas personas conozco yo que hayan llegado a esos niveles y sigan siendo de las de “andar por casa”. Pues en este caso así es y creo yo que así seguirá siendo.

Nos acomodan en la mesa que ya casi-casi es “nuestra” y la jefa del lugar, la orgullosa amatxu de Andoni nos va poniendo un poco en antecedentes del asunto del comer mientras Jonan se escabulle a su maravillosa bodega a pensar un poco en lo que vamos a beber.
Como conoce nuestros gustos y más los de mi compi, nos presenta dos espumosos y tras una pequeña indecisión pues el otro era una “rareza” que bien pudiéramos no tener otra ocasión de catar, nos decidimos por un viejo conocido que va a maridar perfectamente con los alimentos elegidos. Un Agustí Torelló Mata gran reserva barrica. Uva Macabeo. Parte del vino base descansa en barricas de roble francés durante  8 meses y después la crianza tiene lugar durante 30 meses en la cava. Me encanta el color de la botella. Un cava de una relación calidad-precio excelente. Frutas asadas. En boca es seco, con un amargor extraordinario que hace que saborees el trago pausadamente. Jugamos un poco con la cubitera para conseguir esa temperatura de consumo que nos gusta. Ha llegado perfectamente al último plato.
Calentamos motores con una estupenda crema de calabaza. Aquí siempre te deleitan con un aperitivo en forma de caldos o cremas calentitas y sabrosas.

Compartimos una ración de buen tamaño de sus cojonudas croquetas de jamón, tamaño ideal para comer de bocado. Perfecta ejecución de un producto insustituible e imprescindible en cualquier restaurante sea del nivel que sea.

Yo he escuchado eso de pimientos de Gernika y aunque mi compi no va a acompañarme, no puedo resistirme a zamparme una ración. ¿Qué no es tiempo de pimientos? Tiempo de pimientos puede ser todo el año, y la verdad es que están finos, con la “”carne” suave. Con los debidos respetos por si hay niños leyendo, se puede uno comer perfectamente el rabito, está igual de tierno que el resto.

Aran ha decidido comerse un solomillo a la brasa. Presentado con una parrilla y unas brasas, como a ella le gusta, así puede permitirse el lujo de “destrozarlo” a su gusto. Carne tierna y con mucho sabor. La que no tenía hambre me ha dejado justo-justo, catar un pequeño trozo.

Buenas patatas acompañan la carne, ración más que generosa. Mira que me gustan pero no he podido terminarla.

Yo me estoy volviendo un clásico inamovible en la mesa. En cuanto escucho aquello de morros a la bizkaina….. Me lanzo……  de cabeza, sin salvavidas…… Preciosa presentación con una patatita y sus verduras. Ricos. Muy ricos. Esto es un placer de dioses.

Hoy hemos compartido comedor con dos jóvenes sumilleres así que Jonan ha tenido trabajo extra. Unos cuantos viajes a su bodega. En uno de ellos aprovecha la ocasión y nos obsequia con un par de copitas de un vino dulce de categoría, un Oremus tokaji late harvest. Fermentado en barricas de roble Húngaro. Envejecido  medio año más en barrica para descansar casi año y medio en botella. Maravilloso maridaje para el cojonudísimo queso idiazábal que me he comido. Pero de los que quitar el hipo. Olor a queso de verdad, sabor a lo mismo. Placer con cada bocado, no he tenido prisa alguna en terminarlo.

Salimos al mostrador a tomarnos el cafecito y Jonan nos cuenta alguna anécdota de su reciente experiencia. Es increíble las pruebas que hay que superar para conseguir el campeonato. Estaría horas escuchándole. Yo suelo decir que soy el tuerto en el país de los ciegos en tema de vinos; en un mundo donde muchos tienen el “síndrome de la abeja”: Piensan que son reinas y no son más que un bitxo. Pagamos los 109 euros de la cena, eskerrik asko por los detalles y nos vamos. Ya he quedado con él, dentro de poco tengo que darme un homenaje especial y le he dejado trabajo para que elija ese vinazo que esté a la altura del acontecimiento. Zorionak txapeldun . 

9 de mayo de 2018

RESTAURANTE AMELIBIA (LAGUARDIA): ¿Bien?, No... Mucho mejor.


Está bien tener amigos y si esos amigos son generosos ya ni te cuento. Tenía ganas Pepe de invitarnos a una buena jamada. Eso sí, tenía que ser en su restaurante favorito. Mientras sus restaurantes favoritos sean también los nuestros……
Pues llegó el día acordado. Nos acercamos a Laguardia  y a la hora convenida entramos por la puerta del Amelibia. Nos recibe Alex que nos acomoda en una de sus amplias y elegantes mesas. Comedor con buena iluminación y  con mucha clientela.

Como hacemos casi siempre, compartiremos unos cuantos platos para probar todo lo que podamos de su más que apetecible oferta. Así que dejamos que Alex nos vaya recomendando alguna de sus propuestas.

Comenzamos con un aperitivo. Unos puerros a la vinagreta. Mira que me costó entrarle a este plato pero ahora me produce una inmensa satisfacción. Están suaves y ricos. Como siempre, en este local se degusta un buen pan blanco que me encanta, por cierto.

Vamos mientras tanto catando un vino que ya habíamos tenido la ocasión de probar. Un blanco que hace un bizkaino asentado en esta zona. En concreto un Iraun. Un vino que se cría en barricas de roble francés durante diez meses. Curiosamente tenía yo otro recuerdo del vino. No me sonaba que la madera se notase tanto en nariz pero después me doy cuenta del porqué. Había catado un 2012 y el de hoy es un 2014. Así que esa diferencia de permanencia en botella le viene, al parecer, maravillosamente. En boca no es tanta la diferencia y es un vino que va ganando enteros a medida que se airea un tanto y que gana un poco de temperatura.

La mayoría de los platos nos los han emplatado individualmente, cosa de agradecer y además retiran la vajilla con cada pase. Algunos no se dan cuenta de lo que esto supone pero multiplicado por el número de comensales supone un esfuerzo muy a tener en cuenta.
Disfrutamos ahora de unos más que cojonudos espárragos templados acompañados de una espuma de mayonesa. Ligera, sabrosa.

No quería Pepe dejar de degustar esa terrina de foie que tan “enamorado” le tiene, así que es nuestra siguiente opción. Estamos con él, está muy bien conseguida.

Alcachofas. Sin compañías, sin tonterías, con el toque justo de sal. Mira que me gustan pero sigue sin ser uno de mis platos preferidos. Contentos mis compis que tocan a más.

Pasamos ahora a unas patitas de cordero. Simplemente queremos probarlas así que le pedimos que sea pequeña ración. Están muy suaves y la salsa perfecta.


Llegado este punto necesitamos ya elegir algo más para beber. Y nos propone un cava que ya había probado. Un  Colet Assemblage extra brut. De color asalmonado. Crianza de treinta meses. Fina burbuja constante. Un cava muy serio. Un cava que, serán cosas mías, puede incluso recordar a un champagne. Excelente ese final ligeramente amargoso. Estoy entrando “peligrosamente” en el mundo de las burbujas, cada día disfruto más con este tipo de vinos.
Por consejo mío puesto que ya lo había probado nos tiramos de cabeza a por esa costilla braseada de Agnus. Esa vaca sin cuernos. Pues de nuevo nos demuestra la calidad de quien está en cocina. Muy jugosa, se deshace en boca.

Otro de sus platos míticos es, sin duda alguna el cochinillo. Corteza crujiente, riquísima. Carne suelta. Para comerte el txerri entero.

Para postre nos ofrece la posibilidad de hacer una degustación de varias de sus propuestas. Pues a por ello que nos vamos. Esos canutillos rellenos riquísimos, esa torrija, un pastel vasco con un toque a manzana asada que está de rechupete y un cuarto postre del que, a pesar de está tan rico o más que los otros, no consigo poder explicaros.

Con los cafecitos a nuestro gusto, es decir, con poca leche, degustamos unas estupendas rosquillas “ciegas”, de las de sin agujero. Digo degustamos por decir algo puesto que juraría que me he comido el ochenta por ciento.

Como hoy el coche lo ha llevado nuestro generoso amigo, me puedo permitir el lujo de tomarme un GT mientras Javi se toma uno de sus kubatas. Pepe tiene que conformarse con un agua con gas que ayuda un tanto a calmar esos castigados estómagos.
Con el debido permiso, hoy conocemos por fin a Patxi, el artífice de los platos degustados, le pillamos con las manos en la masa, preparando cochinillo y “picándonos” para que en otra de nuestras visitas nos animemos a probar unas patitas del susodicho animal. Pues entre eso y lo que me ha enseñado Alex en su bodega, prometo que la próxima será en no mucho tiempo.
Eskerrik asko a Alex y Patxi y por supuesto a Pepe que es quien hoy abona los 200 euros del disfrute. Un precio muy pero que muy ajustado a lo degustado. 

4 de mayo de 2018

RESTAURANTE NIDOBILBAO: Otro "elogio" para "Eulogio".


Pues nueva visita a este restaurante donde tan buenos ratos he pasado. Un día “raro”, es lunes pero víspera de festivo. Había reservado mesa por si las moscas y menos mal. Prácticamente la totalidad de los comensales son más europeos que nosotros. De horarios tempraneros.

Nos acomodamos en una de sus buenas mesas y vamos echando un vistazo a su carta, aunque dejaremos que Iratxe nos diga lo que hoy merece más la pena.
Afortunadamente Angel es un enamorado de los vinos y aquí hay ocasión de probar algunas cosas diferentes a las habituales. Concretamente tenía yo ganas de probar un vino en concreto. 
Albariño Zarate El Palomar 2016. Cien por cien albariño, cepas muy viejas y prácticamente a nivel del mar. Una pena que el vinazo del mismo productor se haya terminado. Ese Eulogio Pomares larga crianza. Este otro, con una crianza de 9 meses sobre sus lías en barricas de roble francés y con un reposo en botella de 2 meses, me ha dejado un tanto sorprendido en un principio. Una nariz un tanto plana. Incluso en boca le ha costado definirse. Pero al de un rato ha surgido una acidez considerable y la cosa ha ido a mucho mejor. Al final ha resultado un vino potente que invita al trago pausado. Creo que habrá que catarlo dándole más tiempo en botella y tendremos un vino de esos que me encantan.

Comenzamos con unos cojonudos perretxikos. En cuanto nos ponen el plato delante percibimos ese inconfundible olor a tierra, a naturaleza. De un color claro y de tamaños más variados. Estos sí que son auténticos. Acompañados de una yema de huevo que hace pareja perfecta con las setas. Un plato para disfrutar, sin más. Producto de mucha calidad y sin tonterías. Riquísimos.

Me gusta que Iratxe “cante” los precios de los platos que están fuera de carta. Yo, capeado suficiente en estos asuntos, suelo preguntar para no llevarme sorpresas desagradables pero aquí no se hace necesario.
Aran decide, tras, como no, su momento de duda entre carne y pescado, “atacar” una cojonuda merluza con verduras. Creo que la foto lo dice todo. Muy bien conseguida, ración de tamaño más que considerable. Todo en su punto exacto. Hoy, mi pobre chica ha sufrido un pequeño “susto” tras su generosa donación de plasma pero eso, que todo ha quedado en un susto.

Yo me tiro de cabeza hacia los txipis en su tinta. Otro de esos platos que jamás me cansan. Con esa textura que algunos consideran “dura” pero que a mi me encanta. Sabor, mucho sabor. Esa salsa que exige hacer revisión de uñas por esos “untes” de pan. Me lo he pasado estupendamente.

La txikita necesita algo fresco, así que una bolita de helado de mandarina la ayuda a recuperar un tanto ese color que ha perdido. Aquí los helados son de diez, un “mago” los prepara y saben a lo que venden. Sin trucos, sin engaños. Geniales.

Yo tengo vino, hoy Aran no anda con muchos ánimos, así que les pido que me saquen media tablita de quesos. De nuevo podemos comprobar la diferencia con otros sitios visitados. Quesos de calidad, quesos que no te dejan indiferente. Desgraciadamente de nombre sólo recuerdo el Comté. Pero los tres a nivelazo. Uno de ellos con toque de trufa. Incluso en membrillo es de los que sorprenden, de los hechos en casa. Otro rato cojonudo que he pasado.

Un cafecito da por terminada la velada. Abonamos los 112 euros de la cena. Tengamos en cuenta que el vino son 29, buen precio por cierto, muy poco subido sobre su precio de bodega. El Nido, es sin duda, uno de mis sitios preferidos. No defrauda.