19 de marzo de 2017

RESTAURANTE REMENETXE (MUXIKA): Cojonuda la "rubia galega".

Me tocaba hoy compartir mesa con mi retoño. Es un hombre muy ocupado entre viajes, fútbol…… Así que quería llevarle a un sitio donde se sintiera cómodo. La duda ha durado bien poco. Además ya iba siendo hora de hacerles una nueva visita. Tenia yo antojo de cenar algo en concreto y le envio un mensaje a Andoni explicándole mi “plan” de cena y dejando que sea él quien decida con que vino vamos a acompañar las viandas.
Pues a la hora convenida cogemos el coche y nos dirigimos hacia Muxika al restaurante donde dice mi hijo que mejor le tratan.  Me hace gracia pues me dice todo “serio”: Aita, mejor incluso que en…….. Alguno de Bilbao donde tampoco es que se pueda quejar precisamente.

Allí nos reciben Andoni y su amatxu y nos aposentan en la que ya poco a poco se va convirtiendo en “mi mesa”. Siempre he cenado en ella, comparte “categoría” con otra a la que también siempre he considerado “mi mesa” . Encima de ella, tres botellas de vino blanco que Andoni ha elegido y que toca ahora decidirse por una de ellas.
La elegida se abre y se procede a un primer encuentro. Pues en nariz aparece algo que no es demasiado de mi agrado. Un marcado olor “ajerezado”, enseguida el “maestro” lo prueba y retira la botella. Síntoma claro de que el vino no está ya precisamente en su mejor momento. Una pena puesto que al parecer es un vinazo. Además tenía un color muy atrayente.

Así que a “txikeros” que se nos va y pasamos a abrir la segunda opción. En este caso un verdejo pero que poco a casi podíamos decir que más bien nada, tiene que ver con lo que nos ofrecen asiduamente en los bares de poteo. En este caso se trata de un vino mucho más “serio”.  Un Naiades, cosecha 2008.  De color más bien tirando a “verdoso”. Enseguida muestra mucho potencial, una marcada acidez que nos dice bien a la claras que este vino tiene posibilidad de aguantar algún año más en botella. La madera perfectamente integrada pero dejando evidencia de esos ahumados y tostados de ese paso de 7 meses por las barricas de roble francés.  Dicen que marida bien con carnes blancas y pescados, pues hoy ha demostrado que también lo puede hacer con carnes más rojas.

Nos van abriendo boca con un estupendo aperitivo, una crema que además lleva “sacramentos”. Comienzo a untar pan. Un buen pan, por cierto, de los de mis gusto, con buena y crujiente corteza.

Al rato allí aparece “la rubia”. Una rubia consistente, de buen tamaño. Había pedido yo una un poco menos “voluptuosa” pero aquí no se andan con “tonterías”. Mil setecientos cincuenta gramos de una cojonuda carne de vaca rubia galega.

Presentada en una parrilla con sus brasas pero acertadamente colocada en un plato para que nosotros vayamos decidiendo su punto. La grasa está tan rica como la carne. Mi hijo anda haciendo sus “pinitos” en eso de comer lo “gordo” pero yo no tengo problema alguno, más bien diría yo que la mezcla es placer de dioses.

En mis mejores tiempos creo que hubiese sido capaz de comerme esta txuleta yo solito pero hoy nos ha dejado bien satisfechos a ambos.
Acompañan a la txuleta unas buenas patatas fritas y una ensalada de lechuga y cebolla aliñada como a mi me encanta. Con “potencia”, con vinagre sin tonterías. Recuerdos de las que mi amatxu nos preparaba para acompañar sus estupendos guisos.

Hoy no tenemos sitio para más. Pero nos sorprende nuestro anfitrión con una botellita de algo que está muy rico, una sidra de hielo asturiana de la que uno bebería la botella entera. Dulce pero con buena acidez. De nuevo nos han hecho sentir como en casa. El maestro tiene próximamente un reto, ha vuelto a demostrar que tiene mucho arte en esto de conocer los vinos. Lleva un año que “se sale”. Pues mucha suerte en este próximo reto, estaremos contigo en alma, en cuerpo no podemos. Rico cafecito y a otra cosa, mariposa.
De todos modos nos vamos con la próxima visita “sellada”, el 31 de este mes volvemos a una estupenda cena maridaje de unos ricos rosados. Pues lo viviremos y se lo contaremos como es menester. 90 euros han “tenido la culpa”.  Con semejante carne y semejante vino…… que más puede uno pedir.

2 comentarios:

  1. Tan sencillo, tan bueno y tan difícil por "mis" lares, como meterse entre pecho y espalda una magnífica txuleta.
    Tu "niño" si que sabe.
    Buen disfrute

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    1. Son momentos únicos. Un buen rodaballo de primero y una buena txuleta de segundo y apaga y vámonos. :-) Mi hijo? Ese es mucho más listo que su padre, ya te lo digo yo. Un abrazo

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