12 de abril de 2019

Gracias "papas"..... eskerrik asko Pepe.


Nos hemos juntado hoy una cuadrilla con un amigo común, Pepe.  Nuestro amigo ha decidido cambiar de domicilio y se nos hace “urbanita”, así que alguna que otra mano le echamos en ese cambio de ubicación y, generoso como siempre, nos invita a una cojonuda comilona. Decimos "adios" a esa mesa donde tan buenos momentos gastronómicos se han pasado.


Así que en un txoko de la vecina “localidad” de Areta y esperando las viandas servidas por el restaurante "El túnel", nos agrupamos en alegre “biribilketa” para celebrar la buena nueva como es menester.

Mientras esperamos la llegada del grueso del pelotón, los más tempraneros tenemos la oportunidad de degustar unas cojonudas antxoas, una ventresca de bonito y unos estupendos pimientos rojos asados. Por supuesto, vamos probando algunos de los vinos aportados por unos y otros. Hoy el nivel no ha sido precisamente de los de mucha altura pero el resultado si que ha satisfecho a muchos.
Los entrantes los regamos con un blanco de rioja, un Dominio de Berzal Parcelas. Cien por cien viura. Ciertamente no está malo sin ser mi pasión. A mis compis les gusta más que a mi pero se deja beber gustoso.


Una vez completo el grupo, comenzamos el recorrido gastronómico con unos ricos berberechos de esos que si empiezas no terminas….



El vino elegido ha sido un albariño, el Eidosela. Desde luego que para los amantes del albariño como tal es ideal, yo no puedo con él. Fruta por todos lados, frescura… pero no es mi estilo. Eso sí, ha sido el triunfador de la velada. Mientras ellos disfrutan, los más “atrevidos” abrimos un txakoli que está muy rico pero que hoy tenemos la ocasión de bebernos ni más ni menos que un 2010. Otxaran de Zalla. Pues curiosamente sigue estando vivo y está muy pero que muy bebible.




Continuamos con unas almejas y unas gambas plancha. Aquí nadie regala nada, así que el reparto se hace equitativamente y a disfrutar que son cuatro días.


De nuevo abro otro txakoli, en esta ocasión un G22 de Gorka Izagirre, del 2015. Este sí que merece la pena. Acidez bien marcada y aroma intenso. Vivo, muy vivo.
Como sabor, las que lo tienen y mucho son las nécoras. Me encantan pero no tengo yo paciencia para comer estas cosas. Ricas, muy ricas.



Llega lo que para mi ha sido el platazo de la jamada. Unas maravillosas papas con bogavante. 

La madre que las parió…. Ricas pero ricas de ganas. Yo me he puesto las botas pero las botas grandes. 3 platos hondos hasta las cartolas y la razón ha podido a la gula, de otro modo me hubiese dado un mal. Aplausos para las cocineras. El bogavante también rico pero en esta ocasión el alimento al que Pablo Neruda dedicó una oda, se ha ganado su bien merecida fama.



Esto ya lo hemos acompañado de un champagne básico pero que acompaña de maravilla todo lo que se le ponga por delante, un Pommery brut royal. Variedades chardonnay, pinot noir y pinot meunier. Crianza de tres años. Intensa nariz y agradable burbuja. Una pena no haber acompañado toda la comida con él pero……
Mientras los más golosos van pidiendo algún postre, a mi me presentan un “regalo”. En cuanto lo cojo al peso les digo que sé lo que es. El membrillo de mi amiga Mertxe me ha preparado un poco de membrillo. Mira que me meto con ella pero no es rencorosa y agradezco el detalle. Gracias guapa.



Unos cafecitos bien preparados y como andamos con sed, le pregunto al propietario del bar que hoy nos ha preparado la comida si tiene por ahí algún champagne. Curiosamente, aunque no nos hemos terminado de entender, aparece con dos botellas de un vino espumoso francés, de la zona del Loira. Un Grandin grande reserve brut. Varias variedades pero sobre todo la merlot y garnacha. Vino afrutado pero muy agradable de paso en boca. Pues mira tú por dónde y sin pensarlo no hemos terminado mal. 
Algún que otro GT cae por ahí y la velada se alarga.


Los espíritus están “alegres”. Algunos más que otros. Eskerrik asko Pepe por tu generosidad.  Que te vaya bonito en tu nuevo hogar. Gracias Abdu por esas fotos. Gracias a tod@s por la compañía. Esto habrá que repetirlo y a no mucho tardar.

7 de abril de 2019

RESTAURANTE URIBE KOSTA (PLENTZIA): Sabrosa y muy imaginativa cocina.


Nuevo descubrimiento y además muy agradable. Se trata de un local “multiusos”. En verano resulta ser un “hotelito” con bar-cafetería y servicio de restaurante en su preciosa terraza. En temporada baja aprovechan esas habitaciones del hotel para ofrecer un comedor muy romántico y bonito que invita a la tranquilidad y al disfrute. Estupendas vistas a la ría.


Venía, como casi siempre, con media lección aprendida pero dejo que el atento y amable servicio me explique un poco su política y sus opciones.


En primer lugar “negocio” un poco lo que vamos a beber, ante su carta de vinos, pregunto, por si las moscas, si tienen algo además y para nuestra sorpresa resulta que tienen un cava que ya hemos probado y que sabemos que tiene una estupenda relación calidad-precio, un Mare de Giró Ribot. Brut nature gran reserva. Variedades Xarel-lo, macabeo y parellada. Con una crianza mínima de 50 meses en botella. Un buen vino muy agradable.


Nos ofrecen la posibilidad de probar más cosas “regulando” un poco las raciones, así que comenzamos nuestro divertido recorrido gastronómico de hoy:

Croquetas de talo que no es talo. Cuatro piezas de buen tamaño. Cobertura crujiente y jugosas por dentro. Con cierto sabor a chorizo pero muy suave. Riquísimas.


Tenderete de langostinos. De nuevo cuatro estupendas piezas con una sencilla pero imaginativa presentación. Un pequeño cubo con una salsa con toque de soja y ligero punto picante. No necesitan los langostinos ayuda, están muy ricos pero la mezcla es aún más sugestiva.


Piruletas de pulpo. Presentadas sobre una piedra. Con otro pequeño cubito con un ligero puré de patata que gusta tanto a Aran que casi no lo pruebo. Muy, pero que muy ligero. El pulpo está cojonudo.


Un clásico de muchos locales pero que nunca deja de sorprenderme. Un huevo poché. Aparece presentado en una “huevera” de las de siempre, con forma de gallina. Un plato que siendo de calidad es algo que no cansa jamás. Apetitoso.



Terminamos la parte salada con un cochinillo a baja temperatura. Muy trabajada presentación. Rodea a la pieza de carne una especie de pequeño “huerto”.  El plato está perfecto de ejecución y aplaudimos el tremendo “currelo” de la preciosa presentación.


Yo me animaría a seguir comiendo pero mi compi dice que con algo dulce nos quedaremos bien. Pues ante la recomendación de nuestros anfitriones, nos decantamos por su tarta de queso. De nuevo tremenda sorpresa al verla. De nuevo ganas de agradar la vista, de nuevo el resultado en boca está a la altura del resultado visual. Un postre seductor. Aconsejable.


Menta poleo y cortao. Pagamos los 86 euros totales. Si no bebéis vino por 30 euros por persona podéis cenar aquí de maravilla. Aplausos finales para ellos. Cocina imaginativa, cocina muy vistosa pero de sabores muy conseguidos y agradables. Seré cansino pero aquí repito sí o sí.

31 de marzo de 2019

RESTAURANTE ZIGOR (OKONDO): Un oasis en el desierto.


Recibí unas fotografías de la carta de un restaurante de reciente apertura en la vecina localidad de Okondo. No sabía de qué se trataba pero enseguida descubrí que alguien a quien he conocido en un par de locales se ha animado a correr una nueva aventura, esta vez en su pueblo natal. Iñigo Otaola de quien ya he probado algún que otro plato, tanto en Arakaldo como últimamente en su paso por Bascook.


El título viene por la dificultad de encontrar en mi entorno un restaurante que abra por las noches y que tenga la “valentía” de ofrecer algo distinto, algo más original, algo más allá del “sota-caballo y rey”.
Situado en la planta baja de un caserío se encuentra un bonito bar-restaurante con una preciosa terraza exterior.


Muy luminoso, con buenas mesas, sin lujos. Quizás una pequeña separación visual entre la barra en sí y el comedor seria una buena idea. Pero llevan apenas una semana de andadura y me imagino que todo irá llegando.
Ofrecen un menú de 17,50 euros que la verdad es que pinta muy bien. Pero prefiero yo que sea él quien elija lo que vamos a cenar.


Había preguntado por su carta de vinos. Más que nada por sus blancos y espumosos. Lógicamente, dada la demanda, la oferta se adapta un tanto y poco atractivo tiene para mí, aunque resulte sobrada para el público en general.

Así que me permite llevar mi bebida teniendo claro que me gusta pagar ese servicio extra que en esta ocasión me ha resultado gratuita.
Hoy he optado por un champagne que ya conozco y que sé que a mi retoño le va a hacer más feliz que un blanco.  En concreto un Beuget-Jouette, un blanc de noirs millesimé brut. Variedades pinot noir y pinot meunier. Fina burbuja, agradable aroma y un beber largo que invita al trago pausado. Lo hemos tomado a una temperatura muy agradable sin utilizar cubitera. Ha acompañado de maravilla nuestra variada cena.

Comenzamos nuestro recorrido gastronómico con la denominada ensalada roja. Buena combinación de sabores, buen producto, excelentes los pimientos y curiosa la incorporación de un toque dulce con esas pasas que mi compi aparta rápidamente y que yo disfruto en su totalidad.


Continuamos con un plato que ha sido sorpresa más que agradable, un brócoli brasa con una suave mayonesa. Las papilas olfativas se regocijan con el intenso aroma a brasa. Siempre se pregunta uno cómo lo consiguen, hoy he salido de dudas. Un “huevo” (foto del final) que con leña de encina consigue maravillas. Un plato de una ligereza inmensa pero de unos resultados espectaculares. Riquísimo.


Degustamos ahora, emplatado individualmente un huevo a baja temperatura con puré de patatas y cecina con toque de trufa. Cojonudo el plato, sabroso, mezcla bien lograda y consistente.


Terminamos la parte salada con la presa ibérica, chalotas y patatas asadas. Muy buena carne, en su punto exacto y sabrosísimas esas chalotas que son un verdadero manjar.


Pasamos al mundo dulce. Mi compi, cómo no, se tira de cabeza al chocolate. Yo, bien aconsejado por Iñigo pruebo algo que curiosamente nunca me había encontrado. Soy un verdadero apasionado de las tartas de queso. Pero que conste que de las de “verdad”. En esta ocasión la que me presentan es la tarta de queso japonesa. Esto realmente es más un pastel fluído, esponjoso. Al parecer los ingredientes son los mismos pero esto es más liviano, más suave y ligero. Muy rico pero me sigo quedando con los sabores más intensos y potentes de las clásicas.




Un rico cafecito y abonamos la cuenta. Lo dicho, podéis degustar un buen menú por un precio tremendamente competitivo u optar por la carta que, os permitirá comer por, como mucho 25 euros por persona y tendréis ocasión de salir del mundo habitual y probar algún que otro plato con toques imaginativos.
Suerte en vuestra andadura y sin lugar a dudas volveremos a vernos en breve.