14 de junio de 2018

RESTAURANTE REMENETXE (MUXIKA): En Roma... BACO, en Gernika... JONAN.


Hoy era un día muy esperado, llegó una celebración muy especial que teníamos prometida, mi retoño está “acomodado”, es un hombre independiente y eso,, en los tiempos que corren, es algo para celebrar por lo alto.
El lugar lo teníamos pensado desde hace tiempo, sabemos que aquí disfrutamos siempre pero hoy además, el asunto era bebernos algo de eso que uno no puede permitirse el lujo de beber.
Tras dejar en manos de Jonan una botella del vino que nuestro amigo Juanjo Tellaetxe ha creado este año para los amigos y que esperemos que para el siguiente se convierta en un txakoli con todos los derechos, el Tantaka y a la espera de la opinión de nuestro anfitrión de hoy, nos acomodamos en la que ya casi podemos considerar “nuestra mesa”.
En sala somos atendidos por Iratxe y otra amable camarera y mientras, el señor sumiller por excelencia, se escabulle a buscar eso tan especial que vamos a degustar.
Hoy hay “pase de modelos”, preciosos los adornos muy “boscosos” que han puesto por aquí y allí. Me encantan.

Por lo pronto comenzamos con una estupenda porrusalda que nos calienta los estómagos y nos va preparando para lo que sigue.

Unos cojonudos pimientos verdes fritos de Gernika que ya conocemos sobradamente, sin palabras.

De nuevo hongos negros. Producto de excelente calidad, no hace falta decir más que están para chuparse los dedos.

El txikito se decanta por una merluza a la Ondarresa. Volvemos a degustar un producto impecable con un trato cojonudo.

Yo, mira que me va el rollo…… en cuanto escucho lo de morros a la bizkaina pues no puedo resistirme. Así que buen plato que limpio escrupulosamente con la ayuda del pan.

Todo esto lo hemos regado con lo que Jonan nos ha ofrecido. Un champagne de una edad adulta. El top de Taittinger, concretamente un comtes  1999Cien por cien Chardonnay. Parece mentira que tenga casi 20 años. El corcho está perfecto. La burbuja finísima. 


Aunque en los primeros momentos me deja un tanto “preocupado” por una expresividad mediana, en cuanto el aire hace su efecto la cosa cambia un montón. Sale la acidez, salen aromas a frutas confitadas y nos demuestra que está rico de ganas. Creo que para los mortales como nosotros es casi aconsejable no probar cosas de estas, de las que difícilmente podrás repetir. Pero hoy lo merece y que “nos quiten lo bailao”. Eskerrik asko Andoni por no “sangrar” a la gente. Mejor millonario en amigos que en txines. No me extraña que te hagan ciertos regalos....


Para terminar disfrutamos de nuevo de un maravilloso queso Idiazabal, de esos que “sudan” como la paletilla. Aunque dice mi hijo que el que comimos el otro día estaba mejor aún. No sé yo…. está, en mi modesta opinión, simplemente perfecto. Yo lo acompaño con un rico membrillo.



Para ese queso nos obsequia Jonan con algún vinillo de postre. No me ha hecho demasiada gracia el primero de ellos. Aunque después disfruto con un PX de cuyo nombre no puedo acordarme.
Cafecito en la barra del restaurante, charla con l@s “culpables” del disfrute. Lo de hoy es especial. Diré, eso sí, que ese champagne bien pudiera venderlo por el doble de lo que nos ha cobrado. Pero conociendo a Jonan sé que nunca jamás se hará millonario engañando.

Una experiencia de las de apuntar en el cuaderno de bitácora.

9 de junio de 2018

RESTAURANTE EL INFORMAL (BILBAO): Un "informal" muy "serio".


Es curioso lo larga que puede resultar una noche de insomnio y luego ver a la velocidad con que la vida pasa. Más de cuatro años ya de que conocí el primer local que gestionaban Monika y Alberto, el Gu-Geu en Amorebieta. Una experiencia que hizo que en cuanto supe que abrían una nueva propuesta en Bilbao, no dudase un minuto en visitarles. Con trabajo e ilusión nació el Gu2, al que he hecho ya algunas visitas siempre con resultado satisfactorio.

Como son personas inquietas, han vuelto a enfrascarse en una nueva aventura, en esta ocasión se trata de un local de los que ahora se están poniendo de moda en la capital. Propuesta, como su nombre indica, más “informal” que el Gu2. Barra donde degustar sus maravillosas propuestas de pintxos y después un comedor muy agradable donde poder degustar más tranquilamente una carta con buenas opciones tanto de picoteo como de platos más “serios”.

Pues a punto hemos estado de quedarnos sin mesa pero tras pasar primero a saludar a Monika en el Gu2, ella nos echa un cable telefónico y pillamos la última mesa libre.
Nos aposentan en una de sus mesas y la amable camarera que resulta ser sobrina de los “jefes”, nos acerca las cartas. Le comento si hay algún vino fuera de carta, Alberto me ha comentado que poco a poco irán ampliándola un poco. Pero tenemos suerte, aunque pensaba que iba a caer algún cava, al escuchar lo de ribeiro pues me animo. En concreto el Colección 68, uvas treixadura, albariño y godello. Cosecha 2016. En un principio resulta un tanto “manso” en nariz y facilón de beber. Más al gusto de Aran pero a medida que coge aire y gana un poco de temperatura, sale una agradable acidez. Mucha fruta en nariz. Pues nos ha gustado el vino que, repitiéndome mucho, ganará, se supone, con algún mes más en botella.
Cesta de panes variados y como aperitivo una crema de verduras con txistorra. Pues está de rechupete. Me recuerda incluso a las patatas a la riojana que hace la madre de quien me acompaña…. Que recuerdos…..
Se pueden pedir medias raciones luego así lo hacemos para poder probar alguna propuesta más.
Así que media de ensaladilla con lagostinos. Finísima, suave a más no poder pero con sabor. Patata muy bien lograda. Me ha encantado la propuesta.


Yo, como sé que no voy a tener ayuda, me pido media de tartar de atún. Pues lo mismo. Riquísimo, con muchísimo sabor pero un plato que pueden comer incluso los que tienen esos problemas con lo que ellos dicen que está “sin hacer”.
Continuamos con media de croquetas de jamón. Están casi líquidas. Finísimas y suaves (necesito ampliar mi vocabulario). Si sois de croquetas pediros la ración entera, os lo recomiendo.

Media más de rabas de calamar. De estás sí que me como yo todas las del mar. Me apasionan. Esa textura un tanto “tiesa” que hace que el mastique sea más lento. Riquísimas, sin dudarlo.

Obsequio de Alberto de una ración de coquinas. Para comer mil. Me ha hecho “necesitar” el pan para dejar la cazuela casi más limpia de lo que estaba.

Terminamos con un pulpo a la brasa con patata. Estupendo el pulpo y “distinta” la patata. Un toque diferente que no sé explicar bien pero apetecible a más no poder. Dice Aran que hemos comido algo parecido en algún sitio. Buena ración de la que no queda ningún resto.

Como hoy mi compi no anda muy sobrada de sed, me pido media de queso Idiazabal para terminar la copa que me queda.

Salimos a esa terraza abierta donde nos tomamos el cafecito y la infusión. Allí aparece Alberto con unos espárragos blancos tamaño XL que ya me gustaría pillar.
Pues nos ha encantado el local, nos ha gustado el trato amable de los jóvenes camareros. Conocía ya la cocina de este chef por lo que la sorpresa estaba “sabida”. Me alegro, se lo merecen.

Abonamos los 87 euros de la cuenta y nos despedimos hasta la próxima. Pues nada, que se me va complicando eso de visitar mis favoritos todos los años.

27 de mayo de 2018

RESTAURANTE SAN MAMES (BILBAO): En puestos de "champions"


Este año ha sido un tanto “complicado” en el asunto futbolístico. No es que yo sea precisamente un aficionado al susodicho deporte pero el Athletic es el Athletic  Afortunadamente ya ha pasado y a ver si la cosa mejora un tanto.
Por lo pronto nosotros nos acercamos al interior del campo, a ese restaurante por el que ya hemos pasado en varias ocasiones y del que siempre hemos salido encantados. Un anochecer muy primaveral en este año peculiar donde el regar se va a acabar.

Como siempre nos reciben con ese trato impecable y nos acomodan en una de sus estupendas mesas con vistas al césped de la Catedral.
Me comunican que hemos tenido suerte, aunque es horario de cenas, está Antonio y eso siempre es un plus. Que conste que el resto del servicio no desmerece,  ni mucho menos y siempre nos han tratado de maravilla. Hoy no ha sido una excepción.

Así que mientras Aran va echando un vistazo a la carta, yo espero impaciente la propuesta vinícola que seguro que algo interesante habrá por ahí.


Estupendo servicio del pan. Aquí se le da importancia y tienes varias opciones a cual más interesante. Hoy no ha sido demasiado necesario pero hemos probado algunos y están de rechupete.
Comenzamos con unos aperitivos que han tenido la delicadeza de ofrecernos. De primeras un aceite riquísimo que yo he decidido probar “a morro”. Intenso, genial.
Seguimos con una mantequilla de cabra y romero. De potente aroma y sabor que curiosamente ha gustado hasta a la poco amiga de este tipo de sabores. No he sacado foto.
Continuamos con crujiente de arroz y tinta con espuma ahumada. Otra genial propuesta de bocado muy suave y ligera.

Croqueta de bacalao y su torrezno. Nos ha maravillado. Finísima, líquida, sabores marcados. De diez.



Aunque han tenido el detallazo de escribirme el menú, se nos ha escapado el nombre del siguiente aperitivo. Una especie, sin serlo, de saquito de pasta de arroz con unas huevas. Explosión de sabor en boca. Al parecer va a ser un plato del siguiente paso que piensan dar en su carta. Pues un acierto asegurado.



Hasta aquí lo “extra”, dice mi compi que ella casi ha cenado ya. Pero comenzamos con lo que hemos pedido. Me encanta la posibilidad que ofrecen de medias raciones. Así pueden probar más cosas y disfrutar de un pase más largo sin necesidad de darte un atracón. Así que degustamos ahora sus croquetas de jamón ibérico de bellota y caldo de legumbres. Pues menudo platazo. Melosas a más no poder. Sabrosas hasta decir basta. Impresionantes, sin más.




Decir que durante todo este recorrido gastronómico hemos ido degustando el vinazo que nos ha propuesto Antonio. Un cava, pero no uno cualquiera. Un vino de Rimarts, el UVAE. Ni más ni menos que con 80 meses de crianza. Variedades Xarel-lo y Chardonnay. 

De un color dorado brillante. Burbuja perfectamente integrada. No es un cava para cualquiera. Intenso, potente. Muy poco azúcar, diríamos que más bien nada. Seco pero muy agradable. De los de beber pausado. Increíble que le haya entusiasmado incluso a mi compi. Le hemos dejado poco a poco que gane temperatura. A medida que pasa el rato ha ido incluso ganando en aromas. Creo que es uno de los mejores que he probado en mi vida. Un acierto al cien por cien. Cojonuda relación calidad-precio. Tanto que me he traído otra botella para casa, para un día especial.

Pasamos ahora al huevo ecológico de Orduña con hongos y trufa. De nuevo un plato de diez. Sabores marcados, mezcla perfecta. Para comer con cuchara. De esos platos que da mucha pena cuando se termina. Riquísimo.


El plato de pescado elegido ha sido una merluza, bisqué de marisco y salicornia.  Perfecta ejecución del pescado, en su punto ideal. El caldo de marisco intenso y sabroso y el alga que da ese toque salado al plato.


Como carne hemos compartido una media ración de entrecotte, boniato asado y unas estupendas cebolletas. Carne con mucho sabor pero muy tierna.


Con muy buen criterio han dejado para el final de la parte salada unas de nuestras peticiones. Un arroz meloso de liebre, setas de invierno y tomillo. Presentado al punto, en una preciosa cazuela. Nada más colocarlo en la mesa sus aromas inundan nuestras papilas olfativas. Arroz suelto. Punto perfecto. Sabor potente a más no poder pero domado. Aran ya no puede más pero es capaz de dar cuenta de un par de cucharadas. Yo remato el plato hasta el final. De nuevo otra propuesta genial. Hoy estamos disfrutando de principio a fin, sin perder el hilo. Sin altibajos.


Aunque en un principio íbamos a pasar de postre, nos “hemos convencido” y catamos uno para compartir. Castaña, manzana reineta, almendra y yogurt. Postre muy fresco. Sin ser goloso del todo. El conjunto muy bien integrado. Realmente está muy, pero que muy apetecible.


Nos obsequia Antonio con un curioso vino dulce. Una propuesta de un bizkaino asentado en Rioja Alavesa del que ya he tenido ocasión de catar uno de sus blancos.  Concretamente es un Marko Late Harvest. Cien por cien Izkiota Txikia (petit manseng). 5 meses de crianza sobre sus lías en barricas de roble francés. De un color dorado. Nariz no demasiado intensa y sin ser un vino excesivamente dulce. Sin apasionarme me ha gustado bastante.
Cafecito acompañado de unos ricos detalles. Abonamos los 105 euros de la cena. Diremos que esto es un verdadero regalo. Semejante trato, semejante entorno, semejantes vistas. Cocina sobresaliente. Carta de vinos de las de categoría. Una de esas noches en las que sales por la puerta como un verdadero campeón. Con una sensación de satisfacción plena. Eskerrik asko a todo el equipo.


Me comenta Antonio que están dando una vuelta de tuerca a su propuesta, que lo de hoy ha sido el segundo escalón, que en breve tienen intención de subir otro más. Pues volveremos pronto y si encima mejoramos lo de hoy, ya ni te cuento. A ver si aprenden los del balón a jugar como lo hacen éstos.