7 de abril de 2019

RESTAURANTE URIBE KOSTA (PLENTZIA): Sabrosa y muy imaginativa cocina.


Nuevo descubrimiento y además muy agradable. Se trata de un local “multiusos”. En verano resulta ser un “hotelito” con bar-cafetería y servicio de restaurante en su preciosa terraza. En temporada baja aprovechan esas habitaciones del hotel para ofrecer un comedor muy romántico y bonito que invita a la tranquilidad y al disfrute. Estupendas vistas a la ría.


Venía, como casi siempre, con media lección aprendida pero dejo que el atento y amable servicio me explique un poco su política y sus opciones.


En primer lugar “negocio” un poco lo que vamos a beber, ante su carta de vinos, pregunto, por si las moscas, si tienen algo además y para nuestra sorpresa resulta que tienen un cava que ya hemos probado y que sabemos que tiene una estupenda relación calidad-precio, un Mare de Giró Ribot. Brut nature gran reserva. Variedades Xarel-lo, macabeo y parellada. Con una crianza mínima de 50 meses en botella. Un buen vino muy agradable.


Nos ofrecen la posibilidad de probar más cosas “regulando” un poco las raciones, así que comenzamos nuestro divertido recorrido gastronómico de hoy:

Croquetas de talo que no es talo. Cuatro piezas de buen tamaño. Cobertura crujiente y jugosas por dentro. Con cierto sabor a chorizo pero muy suave. Riquísimas.


Tenderete de langostinos. De nuevo cuatro estupendas piezas con una sencilla pero imaginativa presentación. Un pequeño cubo con una salsa con toque de soja y ligero punto picante. No necesitan los langostinos ayuda, están muy ricos pero la mezcla es aún más sugestiva.


Piruletas de pulpo. Presentadas sobre una piedra. Con otro pequeño cubito con un ligero puré de patata que gusta tanto a Aran que casi no lo pruebo. Muy, pero que muy ligero. El pulpo está cojonudo.


Un clásico de muchos locales pero que nunca deja de sorprenderme. Un huevo poché. Aparece presentado en una “huevera” de las de siempre, con forma de gallina. Un plato que siendo de calidad es algo que no cansa jamás. Apetitoso.



Terminamos la parte salada con un cochinillo a baja temperatura. Muy trabajada presentación. Rodea a la pieza de carne una especie de pequeño “huerto”.  El plato está perfecto de ejecución y aplaudimos el tremendo “currelo” de la preciosa presentación.


Yo me animaría a seguir comiendo pero mi compi dice que con algo dulce nos quedaremos bien. Pues ante la recomendación de nuestros anfitriones, nos decantamos por su tarta de queso. De nuevo tremenda sorpresa al verla. De nuevo ganas de agradar la vista, de nuevo el resultado en boca está a la altura del resultado visual. Un postre seductor. Aconsejable.


Menta poleo y cortao. Pagamos los 86 euros totales. Si no bebéis vino por 30 euros por persona podéis cenar aquí de maravilla. Aplausos finales para ellos. Cocina imaginativa, cocina muy vistosa pero de sabores muy conseguidos y agradables. Seré cansino pero aquí repito sí o sí.

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