3 de febrero de 2019

RESTAURANTE REMENETXE (MUXIKA): Ni blanco ni negro, Don Rosado.


Muchas ganas tenían mis amigos Pepe y Javi de visitar el restaurante del que tanto me habían escuchado hablar. Les encanta comer bien pero es que además, últimamente les está pasando lo mismo que a mi, les gusta “regar” muy bien lo que comen.



Así que estamos, sin lugar a dudas, en el lugar adecuado.
Nos reciben, como siempre, con su plena simpatía  y saber hacer. Iratxe y Agurtzane nos acomodan en una de sus amplias mesas mientras Rosa, su amatxu nos explica un poco lo que hoy puede agradarnos más.
Un pequeño cuenco con una estupenda sopa de ajo nos calienta los estómagos mientras que nuestra sumiller de hoy baja a la bodega a buscar algo no demasiado sencillo de encontrar.


Tuve el privilegio gracias a la inmensa generosidad de Jonan de probar hace no demasiado, ese Tondonia Gran Reserva rosado en su última añada, la del 2000 (foto superior). La idea de hoy era pasar por algo similar y de nuevo tenemos la inmensa suerte de encontrarnos, en esta ocasión, con la nueva añada, con ese 2008. Color precioso, limpio a más no poder. En nariz resulta agradable, fruta sí pero acompañada de otros matices que no termino de poder describir. Fresco en boca, entra de maravilla pero no quieres beber mucho, un vino casi para “masticarlo”.

En este punto estamos degustando  un tremendo revuelto de cantharellus que nos permite disfrutar aún más del vino.


Quería yo que probasen también esas pencas que tanto me gustan, como siempre sabrosonas.


Rosa nos ha ofrecido una cola de lubina, pero de una lubina tamaño XL, preparada a la brasa y muy pero que muy bien acompañada por estupendos productos. Así que nos la presentan entera para pasarla después a cada plato. Que maravilla de “carne” suelta y jugosa.


Para acompañar al pescado Jon Andoni ha decidido obsequiarnos con la oportunidad de probar otro vino de los difíciles de encontrar. Un albariño pero es el primer vino cuya crianza estrena barrica, una barrica curiosa que ha salido del pensamiento de Santiago Roma cuyas palabras transcribo literalmente:

«O viño nace na terra e críase na terra. E dela, desa pedra nai, é de onde a cepa succiona os compoñentes que lle dan vida. Entón, por que non rematar o seu proceso de elaboración tamén na propia pedra da que nace?»

Albariño Pedranai, criado en “barrica” de granito. Podéis ver en la foto lo bonita que es. Un vino del que hay muy pocas botellas y desde luego, que ahora, al menos, hay una menos. Quizás esperaba yo algo diferente, quizás es demasiado pronto para beberlo, quizás no tengamos los conocimientos necesarios para disfrutarlo en su justa medida….. o quizás su “rival” de hoy ha sido demasiado potente. Decir que no está rico sería una verdadera barbaridad, lo está.  No será fácil beberlo con un par de años de botella más pero prometo intentarlo y creo que la ganancia será importante. De todos modos, como no puede ser de otro modo, no dejamos recuerdo alguno.

Curiosamente y sin comentarlo entre nosotros, hemos dejado todos una copa de rosado para después.
Otra de mis ideas era que probasen ese maravillo queso del que disponen y no me han defraudado, les ha apasionado por lo que no dudan en repetir ración. Mira que está rico……..


Para el queso nos sacan dos vinos que ya he probado pero no así mis compis. Dos vinos muy distintos pero ricos ambos. Uno más para los “golosones” como yo, el otro más “potente”. Hoy tenía yo chófer así que he podido disfrutar de todos los vinos a mi antojo. Qué gozada..........


Llega Jon Andoni, pedimos tres cafecitos cortaos a nuestro gusto y toca ahora cerrar la boca y escuchar.
Tanto Pepe como Javi han salido encantados, les ha maravillado la visita, así que ya hemos hecho dos nuevos forofos.


Como siempre inmensa su generosidad hace que el precio de hoy haya sido de los imbatibles en RCP.  Eskerrik asko.

27 de enero de 2019

ASADOR EGURRA (BILBAO): A "los Monges" les va bien el cordero.


La enorme ventaja de tener un blog como el mío es la libertad. Libertad absoluta para contar lo que quiero y contarlo a mi manera. No buscar premios, ni palmaditas ni páginas vistas ni “me gustas”. Cuidadito que uno tiene su corazoncito y su ego así que hipocresías las justas. Por eso algunos de los restaurantes favoritos se repiten siempre que considere que hay algo diferente que merece la pena contar.
Después de nuestra última visita Aran quería repetir su segundo plato y cuando la jefa habla los subalternos a callar.

Nada más llegar me dicen que tengo sorpresa. Así que mientras tomamos algo en la barra, voy pensando en lo que puede ser aunque algo ya me huelo.

Encima de nuestra mesa “reposan” varias botellas de vino. Por supuesto todas de blanco. A excepción del espumoso los demás me resultan desconocidos, no en teoría pero sí en la práctica.
Casualmente uno de ellos es uno de mis caprichos así que la duda dura más bien poco. 200 Monges. Un Rioja con una larga crianza. 14 meses en barricas de roble francés y americano. Pasa después dos años en depósitos de acero inoxidable e incluso después de su embotellado descansa un tiempo en la bodega hasta que deciden sacarlo a la luz. La viura es su principal uva y la acompañan la malvasía y ya en menor porcentaje la garnacha y otras. Excelente acidez y menos madera presente de la que podía esperarse. De todos modos creo que ganará puntos con más tiempo de botella. A mi me ha gustado bastante aunque quizás pienso que su precio sea un tanto exagerado para lo que ofrece.
Comenzamos con una ración de morcilla con pimientos rojos. Aran llevaba ni más ni menos que cuarenta años sin probarla y se anima con un trozo. Su valentía termina ahí. Yo me pongo las botas. Está cojonuda y esos pimientos con su toque agradable de dulzor y en su punto exacto.

Degustamos una ración de unas gambitas a la plancha. Punto justo de cocción. Punto maravilloso de sal. Me encanta chuparlas y dejar que mi compi deguste su carne. Le apasionan y el amor es lo que tiene.

Nos toca el turno del antojo que nos ha traído hoy aquí. Una parrilla rellena de pequeñas y riquísimas txuletillas de cordero. La mayoría de bocado. Yo voy poniéndolas en la parrilla a medida que quiero calentarlas y Aran las va tostando más a su gusto. Nos hemos quitado el capricho y además de manera sobresaliente.

Nos sorprenden con unos txupitos de fresa. Les he pedido que me preparen un garrafón de 16 litros para llevarme a casa pero como que no ha calado. Esto está para beber un par de litros sin problemas. Qué sabor más puro a la fruta en sí. Rico, muy, pero que muy rico.

Terminamos con la infusión y el cafecito acompañados de unas galletitas. Dejaremos hoy el vino de lado a la hora de valorar el precio. Por cierto lo han cargado poquísimo sobre su precio. Así que pagamos 35 euros por persona por lo sólido. Buena RCP.


20 de enero de 2019

RESTAURANTE ABIAGA (AMURRIO): Me reafirmo, cocina de altísimo nivel.


Parece mentira pero en breve hará 7 años desde que estos valientes chicos se animaron a comenzar esta aventura con uno de mis restaurantes preferidos. Una pena que las costumbres del personal vayan cambiando y que la gente en general haya cambiado las “3B” por una sola. Donde se pedía Bueno, Bonito y Barato, ahora, al parecer, sólo premia lo de Barato.

De vez en cuando se me presenta la ocasión de disfrutar una comida y hoy tocaba celebrar el cumple de la txikita. Así que acompañado por mi retoño y mi “retoña” política, me acerco hasta Amurrio a saborear, una vez más, de todo lo bueno que ofrece el Abiaga.

Antes de subir a la mesa, abrimos una botella de txakoli de la zona, concretamente un UNO y como algo me conocen, disfrutamos de un 2015 que está muy, pero que muy rico. Creo que es su momento óptimo de consumo aunque no diría que incluso gane con algo más de permanencia en botella. Clara demostración de que la idea de beberlos en el año hay que ir desechándola y dejar que “sufran” esa evolución en botella. Dejarles que nos “digan” todo lo que puedan. Hace bien poco he bebido un 2013 que está espectacular y tengo algún 14 por ahí guardado.

Dejo que, sobre todo Oihane, para la que es su primera visita, vaya echando un vistazo a su carta. Eso sí, procuro darle alguna idea sobre lo que considero que no debe dejar de probar. Así que decidimos compartir algunos platos para así poder probar más cosas de su propuesta.
Sus típicos aperitivos. A mi me tiene "loco" esa masa sabor pizza riquísima de la que comería un kilo. Invita a echar un buen trago de buen vino.

Comenzamos con unas croquetas caseras de boletus. Muy bien hechas, crujientes pero jugosas. Una docena de ellas que son, más que suficientes para degustarlas en su justa medida.

Continuamos con un plato que me tiene enamorado, su salteado de verduras y langostinos. Riquísimo. Las verduras en su punto, los langostinos de calidad. Un conjunto exquisito cuya salsa remata estupendamente el resultado final.

Otro de sus platos estrella son los canelones de txipis. Uno para cada uno, emplatados individualmente. Riquisimos, finos, delicados. Sabor potente.

Invita a untar su estupendo pan que, por cierto, puedes degustar a discreción. Siempre atentos a que no te quedes sin él.
Para continuar con la comida y como tenemos que dejar un par de copas a la fémina, nosotros nos pedimos una botella de champagne. Concretamente un vino muy afrutado, de esos que resultan casi demasiado fáciles de beber. Un Veuve Clicquot brut.Variedades Pinot Noir, Meunier y chardonnay. Jugamos con la cubitera para degustarlo en su justa temperatura y nos lo sirven poco a poco para llegar al final de la comida con la última copa. Los prefiero más “potentes” pero desde luego que a día de hoy no he probado uno que no me guste. Cada día disfruto más con los vinos espumosos.

Como plato de pescado compartimos raciòn y media de rape con salsa romesco. Bien preparado el pescado, tierno, jugoso, sabroso….. la salsa no molesta, la degustas si quieres. Además, no siendo yo amante de esta salsa, hoy tiene un sabor algo diferente, nos ha gustado a todos.

Terminamos la parte salada con su espalda de  cordero al idiazábal. El queso va en dos texturas. Rallado por un lado y en crema por el otro. Sabor potente pero muy llevadero. Buen conjunto de sabores. Plato al mismo nivel que toda la comida de la que Oihane está disfrutando sobremanera. Me alegra haberle descubierto un nuevo sitio para su listado.

Vemos pasar hacia otra mesa un plato que nos encanta a los 3 y "tenemos" que pedirlo. Ración de patatas fritas. Caseras, cojonudas.

En los postres, dados nuestros diferentes gustos, decidimos pedirnos cada uno el suyo. Aunque yo tengo intenciones de llevarla al “lado oscuro” por mucho que ella diga que no.

Mi retoño, poco amigo de los dulces, tras preguntar, se decanta por la Tarta Abiaga. Un hojaldre con crema y helado. Al parecer, sin llevarle al olimpo, al menos han conseguido que disfrute.

La txikita ha pedido una ensalada de frutas y helado de yogur que también le han gustado mucho pero……. ante la visión de mi postre, de esa sablé bretona de manzana y helado de oveja, no ha podido resistirse y me ha tenido que dar la razón. Esto es ya de esos postres que se te quedan grabados para el recuerdo y en este restaurante no es el primero que lo consigue conmigo. Está maravilloso, dulce pero nada empalagoso. Un consejo, pedirlo  luego me contáis. De diez, sin duda.

Un cafecito que me tomo sólo, estos chicos modernos son poco cafeteros y abonamos la cuenta. Sin contar las bebidas salimos a 39 euros por persona. Un lujazo. Creo que lo hacen bien, lo hacen muy bien. De lo mejorcito de nuestro entorno sin duda alguna.