19 de octubre de 2015

RESTAURANTE TRUEBA (Bilbao): ¿Como en casa?..... no, mejor.

Hay restaurantes tremendamente bonitos, con un entorno excepcional. Hay restaurantes donde se come de cine. Hay restaurantes con bodegas de envidia. Hay restaurantes de buen trato. Hay cocineros geniales. Hay muchas cosas pero lugares donde volverías a comer todos los días. Donde se unen unas cuantas cosas que hacen la experiencia inolvidable en todos los sentidos, de esos no hay tantos. Al menos para mi. Y desde luego que este es uno de ellos. Si algún día “la presión” de tener que probarlo todo deja de acuciarme, este será un sitio donde acuda habitualmente.


Pasamos a reservar mesa, por si las moscas y nos reciben Marian y Aitor que están terminando de cenar para luego ponerse manos a la obra. El recibimiento de Marian es tal que dan ganas de volver a salir para entrar de nuevo. Es un encanto esta chica.
Nos vamos a Ledesma a tomar un par de potes. Bueno yo un cafecito que estoy “resabiao” y no quiero jugar con las “puntuaciones”. Marijo se toma un par de txakolis. Menudo ambientazo. Al menos aquí y un sábado, parece que todavía hay “vida en el planeta tierra”.
A la hora convenida volvemos. Nos acomodan en una buena mesa y le digo a Marian que no quiero ver cartas. Que nos de de cenar y de beber. Quiero que Marijo pruebe alguna de sus cosas más representativas.
Un par de buenos panes, de los que tienen esa corteza crujiente y esa miga consistente. Un pan puede estropear o enriquecer una cena. Como aperitivo, su ya clásica txistorra que está de muerte.



Hoy hemos bebido un albariño. Marian sabe mucho de vinos. Además le digo que aunque yo los prefiero más “viejos”, ella es más “frutera”. Así que ni para ti ni para mi. Un Quinta do Couselo.

 Un albariño que lleva un pequeño porcentaje de alguna otra uva para controlar un tanto la acidez. Aunque en nariz no nos ha dicho demasiado, en boca nos ha encantado. Es casi… cremoso. Muy controlada la acidez. Pero sabroso. Gana mucho a medida que va pasando la noche.


Nos ofrece unas navajas, servidas en platos individuales. Media docenita de algo que nos gusta mucho a ambos. Están en su punto. Aquí la arena se ha quedado en la playa. No “crujen”. Han pasado el tiempo exacto en el calor. Ricas, muy ricas. Si no fuese porque hay que comer más, pediría otras pocas.


Pasamos a uno de sus productos estrella. El salmón ahumado.



 Excelentes trozos de un pescado magistral. Con un aceite cojonudo y un ali-oli que no se como demonios lo prepara pero que está para comer a cucharadas. Yo no lo mezclo con el salmón. Me gustan tanto ambas cosas que disfruto de cada una a mi manera. Marijo está encantada. Rico.rico, me dice. Más que eso. Tal es así que no dejamos que la amable camarera se lo lleve. Déjalo aquí que seguiremos untando un poco en el pan.

Unos hongos salteados, de nuevo emplatados individualmente. Después les pregunto que como los hacen. Aitor se ríe….. él sabe tratarlos. Parece que huelen y saben a leña. Da la sensación de haber pasado por alguna brasa. Los médicos, los bomberos…. Salvan vidas. Los cocineros, muchas veces, salvan “almas”. Que cosas más exqquisitas.  Y encima, digan lo que digan, esto es comer sano. Muy sano.


Pasamos ahora a los pescados propiamente dichos. Ella se decanta por un taco de bacalao sobre piperrada y yo por un atún rojo asado. Como nos gusta probar de todo, lo compartimos. El bacalao con unas lascas de las que se sueltan fácil. De las que después te “complican” los dientes. Eso es buena señal. Está riquísimo. Este pescado tiene un sabor tan especial…. Además los maravillosos pimientos rojos asados, que están a la altura del pescado, le dan un toque inmenso al plato. Producto de diez.


Yo me voy de cabeza a por un atún rojo asado que no desmerece precisamente. Con el toque de “sellado” puntual y ese color rojo por dentro. No confundamos con mal hecho, esto está como debe ser. Jugoso interior.


De postre quiero que mi compi pruebe su torrija y yo, como nos queda un poco de albariño, les pido que me saquen media racioncita de algún queso que tengan por ahí. Un queso de Zamora que bien pudiera ser un Idiazabal. Curado pero sin pasarse. Está para comerse un kilo pero uno ya no tiene edades de comer demasiado queso. Que vicio.
La torrija enamora de nuevo a mi amiga. Esto está que se sale, dice. Es buena comedora, es comedora agradecida pero no es tonta. Tiene criterio y sabe lo que está rico y lo que está “más que eso”.


Una infusión y un buen cafecito y nos despedimos. Como siempre, una genial cena, un precio ajustadísimo y una amabilidad poco común.
La cena han sido cien euros con invitación a los postres. Si descontamos los 20 euros del vino, hemos pagado 40 euros por persona.
Su página web: www.restaurantetrueba.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario