30 de junio de 2017

COMER, BEBER Y ......... "SOBREMESEAR".

Mis dos nuevos compis de aventuras gastronómicas llevaban un tiempo “tentando” con el buen hacer cocinero de uno de ellos y con las ganas del otro de probar un vino en concreto. Así que una vez concretado el asunto, nos acercamos a la “casita” que nuestro psicólogo jubilado (al menos en teoría) tiene en Beotegi, situada en el precioso valle de Aiara.

El día es bueno para disfrutar sin padecer calores exagerados pero desluce un tanto las maravillosas vistas que desde la terraza podíamos haber gozado, vistas del macizo de Gorbea y de la Sierra Salvada. Es un lujo vivir aquí, aunque no es lo mío, yo sería feliz en “mi Bilbao”.

Pues hecha la visita previa al hogar y saludos los “guardianes” del recinto, nos vamos poniendo manos a la obra. Pepe organizando el asunto “mesero”, Javi en la cocina dando los últimos toques a su propuesta y yo, como no podía ser de otro modo, encargándome del asunto vinícola.

Para hacer un poco boca nos preparamos unas estupendas nécoras. Esos crustáceos de carne maravillosamente sabrosa pero de un tanto complicada degustación. Ese sabor a puro mar, uno de los más apreciados para los amantes del marisco. Riquísimas, el punto que les ha dado Javi ha sido el exacto.

 Mientras tanto, abierto con un poquito de antelación, el vino blanco que hoy vamos a degustar, rompe totalmente los esquemas de mis compis. Acostumbrados a vinos mucho más jóvenes y afrutados, el Tondonia Reserva 2000 les asombra. Hablamos de un vino que este año cumple ni más ni menos que 17 pero que está en plena “adolescencia”. De un color dorado, limpio, con ciertos reflejos cobrizos. Aquí la fruta más bien sería fruta de compota, orejones, por ejemplo.
Un vino que va ganando con el paso de los minutos, un vino “graso”. Yo veo que, a pesar de que no les disgusta, no “pueden” con él. Se ve lo que cuesta beberlo, es un vino para casi, “masticarlo”. Se nota a la legua su larga crianza, su paso por esas viejas barricas de roble. A mi me sigue sorprendiendo. Un vinazo con todas las de la ley.

Le metemos mano al primero de nuestros platos serios de hoy. Unas txerripatak que Javi nos sirve con toda la delicadeza del mundo. Sorpresa verdadera. Están cojonudas. Quizás ese ansia de acertar haya hecho que el punto picante haya quedado un pelín escaso e incluso la salsa un poco “desmaquillada” pero esto lo digo porque hablamos de una pareja de personas que buscan, en muchas facetas, encontrar la perfección. Ese resultado notable de hoy bien pudiera haber sido sobresaliente sin esa presión añadida.

Para el segundo de los platos de hoy, abrimos otra cosa muy distinta para beber. Una botella de champagne, un regalo de mi prima Arantza. Delamotte brut. Uvas Chardonnay, Pinot Noir y Pinot Meunier. Un espumoso que en nariz ofrece fruta madura. Burbuja fina, muy agradable de beber. Un vino que puede hacer que los poco amigos del champagne cambien de opinión. Con la acidez perfecta para disfrutar de él sin “amarguras”. Evidentemente mis amigos han disfrutado más que con el Tondonia.


Pues les toca el turno ahora a las carrllleras. De nuevo vuelvo a sorprenderme gratamente con la mano que tiene el artista (nunca mejor dicho) en la cocina. Finisimas, suaves, sueltas….. Me resulta curioso algo en boca hasta que me explica su añadido dulce. Además de las chalotas, lleva alguna pasa. Toque particular que les da un sabor agradable. Quizás la ligazón de la salsa…… pero remarco que hablamos de rizar el rizo. De nuevo ese notable alto llegaría a sobresaliente con un poco más de “relajación” por parte del cocinero. Afortunadamente han sobrado algunas que a la hora de escribir este relato ya han sido degustadas por el que suscribe habiéndome dado un par de momentos apoteósicos. Eskerrik asko Javi.


El postre de hoy es “de peso”. Pepe ha localizado un buen distribuidor y se apaña siempre para tenerlos en casa. Un queso de los de quitarse sombreros. Queso potente de sabor, de aromas marcados. Torta del Casar. Elaborado con métodos tradicionales, a base de leche cruda de oveja. Lo de “torta” le viene por esa forma un tanto abombada que puede recordar a una de pan. Corteza ligera, semidura. Su textura es altamente cremosa y hace que sea un queso para degustar untando en un buen pan o incluso a cuchara. Eso sí, no es un queso que te permita comerte una gran cantidad.


Llega ahora mi momento complicado, a mi el comer me da, curiosamente, más sueño que el cenar. Pero hoy, Javi está que lo tira y nos prepara unos estupendos GTs, sin tonterías, ginebra, tónica, hielo y un poquito limón. La sobremesa es larga, muy larga. Conversaciones que tocan muchos palos, conversaciones inteligentes, es mejor juntarse con personas más listas que uno, así se aprende.


A nuestro alrededor, unas gallinas bien capitaneadas por el gallo, al que he intentado “asustar” sin conseguirlo. Ni un paso atrás ha dado el “condenao”. A sus chicas no las asusta nadie.
Pues estupenda velada que ya es antesala de una próxima. Al parecer un arroz con bogavante va a “tener la culpa”. Habrá que ir preparando otro par de botellas para la ocasión. De todos modos, estando donde estamos, una buena ensalada de tomates de casa con unos huevos de la misma procedencia…….. Todo se andará.

3 comentarios:

  1. Ya sabes que "Quien tiene un amigo tiene un tesoro" Buenos "tesoros" te procuras que te cocinan así de bien.
    Los vinos elegidos me gustan y mucho. Tal vez yo hubiese invertido el orden. El champagne con las nécoras y las manitas con el Tondonia. Aunque para gustos...
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. José, mi propuesta fue primero espuma y después Tondonia pero mis compis, que son una poco "nuevos" en estos asuntos, prefirieron invertirlos. Así que totalmente de acuerdo con tu elección. Un abrazo

      Eliminar
    2. A la próxima no les hagas caso. Jejeje...

      Eliminar