13 de abril de 2016

ANDONIREN TABERNA: A falta de copos, alubias



Allá por el mes de octubre del pasado año, tomando un cafecito en uno de mis bares preferidos, el Haitzulo, Asier, uno de los nuevos dueños comenzó a vacilarme un poco con lo que iba yo a tener que trabajar este invierno.

Por mi trabajo las nevadas me generan unos cuantos quebraderos de cabeza y encima él es un enamorado de la nieve y de los deportes con ella relacionados.
Yo le dije que no creía que fuese a venir un invierno “del otro mundo” y como los vascos somos así, nació una puesta. La cuestión era que como mínimo deberían producirse cuatro temporales antes de llegar la primavera.


Ni en sueños llegué a pensar en aquel momento que iba a ser el invierno más “no invierno” de los últimos años. Al menos Asier ha tenido la suerte de que en sus pistas había nieve más que suficiente.

Así que por fin ha llegado el día de “celebrar” el acontecimiento y nos hemos acercado a Andoniren Taberna a darnos un homenaje como es debido.

No es mi compañero de hoy amigo del vino así que me conformo, que no es poco, con un par de copas de un txakoli que me gusta. El UNO. De la vecina localidad de Amurrio y que está muy, pero que muy bien conseguido.

Karol ya me conoce un poco y sabe que no quiero "fríos" innecesarios. A temperatura más que agradable para disfrutarlo.



Sin preámbulos, sin tonterías, allí aparece Karol con un perolo bien surtido de unas alubias estupendamente cocinadas por su amatxu. Están acompañadas como no podía ser de otro modo de unos “sacramentos” bien apetecibles: morcilla, txorizo, tocino…… 

Ellas mismas han llegado a pensar que les faltaba un punto de cocción. Pero cada cual tiene su gusto propio. Están un “pelín”  pero “pelín”… ¿Tiesas? Yo creo que están en su punto. En vez de tragar, apetece darle un par de “masticadas”. Creo que así se aprecia mucho más su sabor. Mi compañero de mesa opina como yo y nos ponemos como dos señores.


Evidentemente no podían faltar las susodichas guindillas. De dos clases. Unas más suaves y las otras más caseras y "valientes". A mi me encanta el picante así que he comido unas cuantas. Que seria de una alubiada sin ellas.


La juventud, divino tesoro, a mi se me escapó hace ya algunos años. Soy quinto del aita de Asier y Asier es casi quinto de mi hijo. Se nota, aunque yo no tengo mal saque, se anima a comerse un plato de albóndigas con sus patatas fritas caseras. 


Eso sí, yo, para no estar mirando mientras él disfruta de la carne, le digo a Karol que si me saca un “cacito” de alubias. Evidentemente el “cacito” es algo más y me meto entre pecho y espalda otro buen plato de tan exquisito manjar.
Decir que en este local el pan es casero. Un plus añadido a cualquier comida.



Nos ofrecen la posibilidad de tomar algún postre pero ninguno de los dos somos capaces de meter absolutamente nada más en el cuerpo.
Un par de cortaditos a mi gusto, es decir, con la leche justita, dan por finalizada la velada. Asier se anima a tomar un “reconstituyente” , un orujito de hierbas.

Hoy he sido invitado, bueno, mi compi ha tenido que abonar esa apuesta. A fin de cuentas tanto cuando ganas como cuando pierdes, muchas veces la cuestión es pasar un rato agradable en buena compañía. Un honor que un tío de un cuarto de siglo considere que uno que ha pasado ya el medio, pueda serlo. 

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