8 de noviembre de 2015

RESTAURANTE KELTI (Bilbao): Pues oyes, que aún pueden sorprenderme.

Cada día se complica más descubrir locales nuevos en mi “radio de acción”. Sé que son muchos lo que no he visitado pero aunque soy “aventurero” tampoco me gusta ir a lo loco. Así que en cuanto leí el comentario de uno de mis “compis restauranteros” en verema, no tuve ninguna duda. Me había solucionado el viernes. Oscar, a pesar de que tenemos nuestros “más” y nuestros “menos” en cuanto a opiniones, es un tío que gusta de comer bien y si él dice que se come bien…….

Así que de inmediato y acompañado de un tipo que está cogiéndole mucho gusto a esto de cenar con su aita, nos dirigimos a la calle Zugastinobia donde está ubicado el restaurante.
No conocía yo esta zona, una de las calles más cortas de la capital pero que más bares tiene por metro cuadrado.


El local engaña mucho de fachada. Pero una vez que traspasas la puerta la cosa cambia mucho.
Me gusta el sitio, acogedor, decoración muy bonita donde se nota que estamos en Bizkaia,. Ya he dicho muchas veces que soy alavés pero “por imperativo legal”. Mi corazón es rojiblanco al cien por cien.
Cuando he llamado para reservar, me ha dicho la más que agradable propietaria que tienen un menú de fin de semana. Después de preguntar por los platos que lo componen, me parece una estupenda opción así que vamos a tiro hecho.

Me estoy haciendo muy mayor y soy de los que prefieren que la comida llegue poco a poco a la mesa, que la cena se alargue. Hoy todo ha llegado rápido. Eso está bien, cada uno quiere lo que quiere. Pero servicio impecable, amable y atento. 


Pero eso es un problema mío. En la mesa tenemos delante tres platos que ya nos dicen que aquí hambre, lo que es hambre, no vamos a pasar.
Una cesta de panes y una de tostaditas acompañan la cena. Yo soy más de pan-pan. No me van las tostadillas. Pero está bien el detalle.
Cecina (foto superior) con unos pimientos rojos. La cecina de buena calidad. Incluso mi hijo, no demasiado amante de este producto, dice que está genial y se pone las botas. Los pimientos, sin ser maravillosos, están ricos.
Un pastel de kabratxo. Cosa que llevaba tiempo sin comer. Mira que se puso de moda hace unos años y aparecía hasta en la sopa. En este caso está cojonudo y además la salsa que lo acompaña me ha sorprendido gratamente. Rica, muy rica. Con un toque especial. He preguntado y algo era ello, lleva mostaza y miel. Pues un acierto.

Unos correctos espárragos que ganan muchísimo con su acompañamiento. De nuevo un toque especial que en este caso no he descubierto, les dan un “algo diferente” a lo de siempre.


No hemos terminado con los entrantes y ahora le llega el turno a un foie con una salsa de frutos rojos y pasas de Corinto. Pues hemos debatido el txikito y yo sobre este plato. Realmente es una manera un tanto diferente de prepararlo pero que lo hace muy apetecible. La “especie de mermelada” es también diferente a lo de siempre y está realmente rica. Este cocinero no trabaja precisamente con “copias” de los demás, creo que tiene su punto propio.



De segundos nos hemos decantado cada cual por su preferencia. Mi hijo por una brocheta de solomillo acompañada de dos maneras distintas de preparar la cebolla. Pochada por un lado y frita por el otro. Ambas muy ricas. La brocheta, como podéis ver en la foto no es de esas de tres trocitos, no; una ración muy generosa de una carne con muy buen punto y de una calidad indiscutible.


Yo he escuchado lo de rabo y lo siento pero…… además con el hueso. Que últimamente le da a todo el mundo por deshuesarlo todo. Aunque como soy tripero, la cantidad de carne es menor pero me encanta disfrutar de esos “caramelos” tan apetitosos. Muy rico y con una salsa estupenda. Estupendo tomate, el cocinero es de Mungia, se nota. Y un tazón de patatas con pimiento. Buena compañía.


El colmo de los colmos de hoy ha sido que “el que no gusta de postres” se ha comido el tiramisú y el helado. Confieso que el tiramisú está rico de ganas, con sabor a café, como debe ser. El helado ya me sorprende menos pero no importa.



La cena de hoy la hemos acompañado de un correcto albariño. Un Bicos. Se bebe con tremenda facilidad y hace que Ioritz disfrute mucho más que su padre. Nos comenta la propietaria que lo más habitual es que todo el mundo pida crianza pero de color negro. J Cada día abundamos más los “raros” y tendréis que ir ampliando el mundo de los blancos, incluso de los blancos “serios”.

Un cafecito da por terminada una cena que ha sido abundante, sorprendente, agradable, de buena calidad y por un precio que me parece muy bueno.

La nota de la noche la ha puesto un miembro de una cuadrilla que ha cenado a nuestro lado. Al parecer eran profesores. No sé que “clase de clases” dará el “muchacho” en cuestión pero hoy le voy a dar un “suspenso” clarísimo. Majete, una cosa es ser gracioso y otra muy distinta es pensar que lo eres.


Pues hemos pagado 70 euros por todo ello. Aquí precio fijo, a 35 euros el menú. Estupenda relación calidad-precio. Lo vale. Volveremos.

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