20 de abril de 2015

RESTAURANTE ZIMA´S (BILBAO): Juventud, Divino Tesoro.

Visitamos de nuevo a estos ilusionadísimos chicos que tan buenos comentarios generan por los “internetes” e imagino que por algo será.

Es viernes y la cosa a las noches no está demasiado “alegre” y menos en algunas zonas menos concurridas de la capital. Los turistas se mueven por otros lares y los de casa no se yo si nos movemos demasiado por ninguno.
Pocos restaurantes se atreven a cambiar su menú degustación con la asiduidad que lo hacen ellos, no es sencillo y es además mucho más arriesgado.
Eso supone un esfuerzo por su parte e incluso, como nos comentan, que más de un día las cuentas no salgan demasiado bien por comprar productos de tal calidad que se les va un poco de las manos.
Uno ya está un tanto “capeado” en estas historias y sabe que por ese precio el vino que pueden ofrecer no  ha de ser muy allá y les comento si les importaría que me lleve yo la botella de casa. Su respuesta es clara, sin problemas, queremos que disfrutéis, es nuestra única preocupación. 
Nos aposentamos en una mesa con buena luz, bastante malas son ya de por si mis fotos.

Una cesta de panes variados a cada cual más rico. Me dice que ella sabe la importancia que le doy yo a tan sublime alimento y es verdad. Sin pan no sabría yo vivir.


Para comenzar, un aperitivo en forma de croquetas de jamón. Dos piezas de buen tamaño y que tienen una masa fluida, cremosa, casi parece más una crema que una masa. Están muy sabrosas y jugosas. Saben a jamón. Es que las hay que no saben a nada.



El primer plato es un Foie casero con compota de calabaza. El producto en sí no tiene misterio, si es de buena calidad esto no tiene posible fallo. Otra cosa es la compota que está cojonuda. Con un toque dulce que le hace parecer casi una mermelada. Estupenda para el foie. Además lo acompañan con unos panes tostados con un toque de aceite que hacen incluso las delicias de mi compañero de hoy que no es precisamente el muchacho más “panero” del mundo.


Como nos han dejado en la mesa el listado del menú, mi hijo me pregunta que que puede ser eso de Coctel de rabo de toro estofado al vino tinto. Le contesto que seguramente vendrá presentado en alguna copita y bien decorado. Efectivamente la presentación es muy bonita y, hoy que estoy  yo casi más pendiente de ver las reacciones de mi hijo que de la comida,  me llevo una grata sorpresa pues su copa queda limpia como la patena. Le ha encantado. A mi también, que conste. Conjunción muy lograda de sabores en un arriesgado plato.


Como plato de pescado nos sacan una Lubina salvaje al horno con trigueros y chutney de uva. Buen punto del pez, una ración suficiente para degustarlo. Buen producto y el toque dulce de la crema de uva, que hace saltar las alarmas en el “enemigo nº 1 del membrillo, hace que yo disfrute mucho más que él. Eso sí, como es tan “educado”, no deja ni una migaja. Rico.


El plato carnívoro es un Cordero al horno con cous-cous y verduras. El “problema” es que con los sabores potentes que hemos disfrutado hasta ahora, este plato, como les he comentado, se queda un tanto….. “plano”. Seguramente que degustado sin previos mi percepción sería diferente pero aunque todo ello está sabroso, necesitaría, en mi modesta opinión, un toque especial para hacerlo más atractivo al paladar.


Para romper con lo salado y pasarnos al postre nos aparecen con un Sorbete de cítricos  y esencia de hierbabuena (Fotografía superior). De esto me puedo yo beber…… ni se cuantos. Está muy rico. Tenían ellos el punto muy elevado con aquel sorbete de mango que probé en mi primera visita pero esos “experimentos” en los que se mete David, dan sus frutos.

Para terminar nos ofrecen el  Brownie albino con ganache de chocolate negro. En este caso el “examinador”, el que no come postres casi nunca, me dice que le parece excesivamente dulce. Y quizás el problema no haya sido ese, el “problema” ha sido que la ración era demasiado grande con lo que lo que podía haber sido algo goloso sin más, ha pasado a ser algo casi empalagoso. Yo lo he solucionado no terminándolo pero es que él no sabe.


Es una presentación diferente del brownie típico pero repito que en su justa medida creo que resultará un postre acertado. Si os gusta el chocolate, premio seguro.

Como ya he comentado, hemos llevado el vino nosotros, concretamente un Albariño Nora da neve 2009. Un regalo de un gallego,  Alberto Freire que conoce bien mis gustos y que ha acertado. Un blanco fermentado en barrica que tiene buena nariz de matices que uno conoce pero que en su, cada vez, más inmensa ignorancia, es incapaz de reconocer. Me gusta en boca, es “gordo”,  creo que los que saben lo llaman untoso. A medida que coge aire va ganando intensidad. Ha acompañado maravillosamente todos los platos, eso sí, lógicamente no ha podido con semejante postre goloso.
Un cafecito y nos vamos para el pueblo, creo que estos chicos, con la tremenda ilusión que tienen, lo hacen muy bien. Se merecen un lugar preferente. Tienen una edad estupenda y mucho tiempo para ir limando asperezas. Ahora es el momento ideal para crear, para jugar en la cocina, para descubrir posibles novedades y darnos alguna que otra sorpresa.
Por 32 euros ofrecer un menú así es de agradecer. Si podéis, hacerles una visita pero sin ir a “sacar faltas”, ir a disfrutar, a sentir.

Andan preparando su página web pero mientras tanto los podéis “vigilar” en facebook.

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