20 de septiembre de 2014

RESTAURANTE MUGARRA (BILBAO): En la morada de Poseidón.

Tras el “pequeño” retraso por “imperativo legal”, por fin he podido celebrar como se merece el primer año de este blog.
Una semana ha tenido la culpa pero por fin, en el restaurante que hizo que comenzase mi andadura en verema, nos hemos dado un homenaje como se merece. El Mugarra. Cuantos buenos momentos he pasado yo aquí…….
Ya está descrito en este blog en alguna ocasión. Local pequeño, eran más “voluminosos” pero quieren poder dar de sí, quieren atender a la gente como ellos creen que se merece y lo consiguen.


Viernes noche, las cosas están como están pero el local lleno.
Me alegro infinito por ellos y me alegro infinito por mi, así puede uno disfrutar como un chiquillo en una mesa.
Hoy, la compañía, vuelve a ser especial, el que espero que algún día coja las riendas de este espacio. Alguien a quien espero “viciar” en este mundo de lo “rico”, de lo sabroso, de los disfrutes, de los buenos vinos, del buen comer y buen beber: mi hijo.


Recibimiento que hace que te sientas como un “señor”, como en casa no, mejor aún. Esas caras no forzadas, esas caras de satisfacción a pesar de estar currando y a pesar de que ya es el último día de la semana y estaremos, lógicamente, cansados.
Nos acomodan en una mesa de cuatro con lo que el espacio es mucho más que suficiente. Al momento, nos llega ese carro de peces….. allí está lo más selecto del mar. Rodaballo, rape, besugo……. Todos ellos muy “guapos” y con buen color.
Una vez nos decantamos por el pez en cuestión, pasamos a elegir los entrantes.


Como aperitivo un caldo-crema de calabaza, para calentar motores y la correspondiente chapata de rico pan que hoy, cosa curiosa, ha vuelvo a corrales, casi entera. Mi hijo no es panero y ni lo ha tocado.
Comenzamos con la ración de marinados. Bacalao, salmón, atún rojo y verdel.
Nos comentan que los salmones han comenzado a trabajarlos sólo en grande, dice que se nota un montón la diferencia de sabor y que están mucho más ricos los que pasan de 10 kilos o más que los más pequeños.


Es algo que aquí bordan, a mi me encantan y a mi compañía, poco ducho en estas materias, le han gustado. Unos más que otros. Pero ha dado buena cuenta de ellos. Creo que la prueba más evidente de que algo te gusta es ver como se va el plato a cocina y hoy han ido todos muy limpios.
Yo me quedo con el atún rojo, él con el verdel. Lógicamente éste está tratado de diferente manera, con ese vinagre que le confiere un toque de más sabor.
Me ponen hoy a prueba. Me saca un plato y yo, automáticamente, le digo que es familia del atún rojo y él me dice que en todo caso son primos, no hermanos.


Como se pone tan “serio” hasta me hace pensar y pido ayuda a mis “amigos” que, compinchados, no me dan ni media pista.
Al final supero la prueba y es un carpaccio de bonito. Por pura lógica esto no tiene sabores potentes, es lo que es, producto puro y duro. Rico, mucho.
Para acompañar estos platos nos han sacado unas tostas con tres tipos de pan diferentes y estas sí que han terminado sus días en esta mesa.


Para compensar un tanto tanto sabor a mar, nos sacan unos hongos. La presentación es similar a una ración de pulpo y lo digo en voz alta. El que tengo delante escucha lo de pulpo y me dice: aita, a mi esto me recuerda más a los champiñones. J
Pues cortado en rodajas, muy poco “tratado” y espolvoreado con esos polvos “mágicos”, nos metemos la susodicha ración de algo que es, nuevamente, puro producto de calidad. Nunca los había comido así pero me han encantado.


En este local se les da mucha importancia a los blancos. Cosa lógica dado lo que ofrecen para comer y siempre prefiero preguntar, no miro cartas ni nada similar.

Buenas copas, presentado, dado a probar, preciosa cubitera, y en todo momento atentos al rellenado. Además en pequeñas cantidades, como me gusta.
Hoy el que me acompaña, poco amigo de los sabores dulces, es el que manda. Asi que una vez escuchada su opinión, nos recomienda una botellita de L´Equilibrista 2012. Esto es un cava sin burbujas. Se utiliza la misma uva. Intensa nariz y desde luego que dulce precisamente no está. Tiene una estupenda acidez y un ligero amargor y con el paso de la velada a mi me parece que va convirtiéndose en una maravillosa compañía para los platos elegidos.
Me ha gustado la propuesta y a mi hijo también. Prueba de ello ha sido que para los postres no quedaba más que una pequeña copa para el que no disfruta con los vinos dulces.

Llega ahora el protagonista de la noche. En primer lugar te lo presentan entero. La fotografía superior es en la bandeja. No se aprecia el tamaño en su justa medida. Es curioso como en ese momento prácticamente el resto de los comensales echan un vistazo. Lo mismo hace uno cuando pasa para otras mesas con sus pescados correspondientes. Merece la pena el “espectáculo”.


Lo nuestro en un rape, bueno medio, puesto que quizás era lo que más se amoldaba en cuestión de tamaño. Kilo doscientos pesaba esta mitad y creo que eran kilo cien de carne a aprovechar. Repetiré hasta la saciedad que aquí a los peces los tratan maravillosamente. Esto no tiene demasiadas trampas, es utilizar un producto excelente y trabajarlo con gusto y mimo. Es un artista el motero, sin duda.
Estupendo sabor, carne jugosa, ni una espina y con la compañía de cebolla pochada y unas cojonudas patatas asadas con su piel. No queda ni una pizca.
Mi hijo es muy poco de dulces. Evidentemente no ha sacado mis genes en este asunto. Quiero que pruebe alguno puesto que otra cosa que bordan aqúi son los postres. “A mi si hubiese algo como una mousse de chocolate o algo así……..”


Pues alli que nos aparecen con todo chocolate, un postre para “compartir”. Palabras textuales del “poco goloso”: “ostias, que rico está esto”. Evidentemente debe estarlo puesto que el “reparto” ha sido más o menos de un 90% él y las migajas yo. Por un hijo uno se sacrifica.
Le ha enamorado y porque le da un poco de vergüenza que sino hubiese hasta pasado la lengua por el plato. Pues me alegro. Realmente está rico de verdad.
Me han invitado a un txupito de Spinola, llevaba yo tiempo sin catarlo. Ha sido casi un mojar los labios que no quiero jugar más con aparatos de soplar. De este vino ya poco tengo que decir. Me encanta y realmente es la pareja de baile ideal para semejante postre chocolatero.
Un cortao de los que hacen historia. Aquí de nuevo diferencias entre restaurantes y restaurantes. El café, algo a quienes muchos no dan importancia. Más de una vez he repetido café aquí. Está riquísimo.
Pues termina la velada, dos horas y media de disfrute. Es de admirar el buen rollete existente entre la plantilla y no llevan precisamente dos dias.
Desde luego que si queréis comer pescados excelentes, si queréis regarlos con buenas propuestas, si queréis que el trato sea exquisito, si queréis terminar la velada con algo dulce y rico, Mugarra es una propuesta ganadora. Poseidón estaría orgulloso.
El precio abonado ha sido de 72 euros por barba, estos pescados son caros, no son baratos. ¿O no lo son? Más caro es ir al fútbol y nadie se queja y encima tienes que llevar tú el bocadillo. Creo que cobran lo que tienen que cobrar para poder sacarles el beneficio requerido. Yo no me quejo y he salido por la puerta con una sonrisa. A mi esto es lo que me vale. Así que la vuelta está asegurada. Gracias por todo.
Su página web: www.restaurantemugarra.com

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