16 de marzo de 2014

Un día de árboles, pintxos y peces.

Me salgo hoy un tanto de mi “guión” habitual puesto que voy a mezclar alguna cosa con la experiencia vivida en un restaurante.
Es hoy un día “especial”, Zuhaitz Eguna-Día del Arbol. Como todos los años, acompañados de un montón de  txikis, realizamos una pequeña plantación en un lugar elegido que en este caso es el Monte de Arraño para intentar concienciar a los más pequeños de la importancia que tienen los árboles en nuestras vidas. Seguramente que no conseguiremos demasiado nuestro objetivo pero se intenta.


Bonita mañana, un tanto fresca que se soluciona cogiendo la azada y trabajando un poquito, al final el resultado son 80 nuevos “vecinos” que algún día, los que consigan sobrevivir a los envites de la climatología y del ya más que asegurado vandalismo tonto, nos darán esa sombra tan agradecida en verano.

Hemos disfrutado así mismo de un pequeño hamaiketako (almuerzo de las 11) en forma de unos riquísimos “txoripanes” bien servidos de materia prima que nos ha preparado Karol, la de Andoniren Taberna, aunque todos no nos los hemos ganado y siempre teniendo en cuenta eso de que “los peques primero”, todos hemos podido probarlos.

Se celebra así mismo este fin de semana en Laudio, el Concurso de Pintxos del que espero preparar en breve un “trabajillo” con lo más destacado y he probado hoy concretamente el pintxo que presenta la citada taberna. Un “trampantojo” en forma de pastel de manzana, que en su interior lleva una crema de morcilla con salsa de pikillo. Una mezcla curiosa pero que se deja comer bien gustosa y cuyo resultado final te deja un buen sabor de boca.
La foto de portada de hoy muestra perfectamente que además de rico es muy agradable de ver. 
La foto que acompaña este párrafo es una estupenda gilda que hoy tiene su lugar privilegiado en una bonita barra.

Siguiendo con las “sorpresas” del día, descubro unas croquetas que no 
entiendo demasiado bien como no había descubierto antes. Unas más que cojonudas croquetas de queso Idiazabal en el Itxas Bide,  bar y restaurante situado en la parte baja del Puerto Viejo de Algorta. Desde luego que no va a ser esta la última vez que las coma.


Están de vicio, buen relleno, con sabor a queso pero sin que ese sabor termine de enmascarar al resto. Lleva un pequeño toque dulce, creo que es alguna pasa en el interior y el rebozado de huevo y pan está tan rico como el contenido. Vamos que si pasáis por allí, como no están en la barra pues las sacan calentitas de cocina, no se os ocurra no probarlas.

Y ya para rematar tan intenso día, algo hay que cenar y en esta ocasión el restaurante elegido es el Puerto Zabala, en las preciosas callejuelas del Puerto Viejo, un sitio que invita a perderse, donde parece que estás un tanto en otro tiempo.

Un local de solera ya, donde trabajan bien la materia prima. Aquí se viene principalmente a comer pescados y mariscos frescos y eso es lo que vamos a hacer.

Las mesas bien vestidas, un tanto “demasiado” aprovecha el espacio, imagino que en este sitio si hay alguna cena de cuadrilla, el nivel sonoro se complicará un tanto. Hoy no ha sido el caso y hemos estado medianamente tranquilo en ese aspecto.

Para comenzar una ración de unas estupendas almejas en salsa. Una salsa cuyo color ya nos indica que no es la habitual salsa verde, que lleva un toque de color diferente. Algo de tomate. Aunque hoy el pan no ha sido lo mejor de la cena, una pena, teniendo una cuchara, la salsa no debe ni puede desperdiciarse así que compruebo que está rica de ganas. Buena materia prima, buen tamaño.


Hay que “refrescar” los cuerpos y para ello que mejor que una buena ensalada de lechuga, tomate y cebolla. Con ese aliño que a mi me encanta, cuando el que la prepara no es precisamente “tacaño” con el vinagre. Buena ración y bien preparada.


Como plato principal, en este caso un Rodaballo de un kilo de peso. Una pena que no lo repartan ellos, te lo dejan allí, tal cual y para esto yo prefiero la mano de un experto. De todos modos, entre un “ponte y estate quieto” y un poco de voluntad, el pez ha desaparecido. Buen punto, ni poco y muy hecho, buen sabor, sabor a mar y no sabor a “pienso compuesto”. Estas cosas hay que pagarlas en su justa medida.
Acompañaban a su “majestad el rodaballo” unas estupendas patatas cocidas. Curioso alimento, simple pero que desde luego da un juego tremendo. Muy ricas.

Para beber un albariño Torre la Moreira, para un buen pez es un buen vino. Cosecha 2013. La nariz es pura fruta. Yo que cada día se menos de vino, me quedo con el olor a pera, muy descarado. Entra fácil, de todos es sabido el “peligro” de estos vinos. Muy fresco en boca y no muy marcada la acidez con lo que a mi no me invita en exceso a degustarlo con más detenimiento. Estoy convencido que este mismo vino dentro de un par de años estará mucho más rico, será mucho más “serio”.

De postre una tarta de castañas que hay que reconocer que está bien fina y sabrosa. Aquí ya nuestro vino deja de ser buena compañía pero no siempre puede uno terminar las cenas con sus vinos dulces “del alma”. Hay que medir y bien medido lo que se bebe cuando después hay que coger coche y ruta hacia casa. Una pena pero ………


Un cafecito bien preparado, en taza pequeña y con poca leche, vamos, un “cortao” como mandan los cánones.
En este local no hay presentación de carta, ni de precios, ni carta larga de vinos.
Te cantan lo que tienen. Los que vamos ya “resabiaos”, no vamos a asustarnos, a los demás os recomiendo preguntar, luego no vale decir eso de que “yo no sabía”.
Para el producto que usan y el manejo que de él hacen en cocina, no me ha resultado caro, eso si, tampoco barato. Pienso yo que por este dinero he cenado mejor en unas cuantas ocasiones. Un sitio que juega quizás un tanto con esa privilegiada ubicación.


Han sido 127 euros, de los cuales 60 corresponden al Rodaballo en cuestión. Repito, un precio correcto.

Pues termina aquí el relato de un dia diferente, de nuevos descubrimientos en materia gastronómica. Me quedo son ese Gazi-Gozo de manzana y morcilla y con esas croquetas de Idiazabal.

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