8 de marzo de 2014

BISTRO GUGGENHEIM: Estupenda opción en un entorno inigualable.

Noche de carnaval pero noche de “perros”. Agua y agua y un poco más de agua. Una pena, no están los tiempos para que a la puñetera situación se le una además la climatología adversa.

Hablando de “perros”, hoy cena en un restaurante que está dentro de la “caseta” más grande y maravillosa que cualquier perro pudiera desear, lo que sucede es que perro para semejante hogar no hay más que uno y ese es sin lugar a dudas Puppy.

Un tanto desangelado pues no estamos en la mejor época floral pero ahí está, firme, vigilante y a la espera de que en breve, la llegada de la primavera le de todo su esplendor. En la foto le vemos en su mejor momento, gana mucho con un buen "peinado".


Casualmente estos días celebra aquí su 85 cumpleaños el artífice de este edificio que ha cambiado la imagen de la capital y que curiosamente también ha diseñado las sillas donde nos sentamos: Frank Gehry.

El local invita a disfrutar de su entorno, un tanto tumultuoso en muchas ocasiones y más aún hoy pues una cuadrilla numerosa está celebrando aquí su cena de carnaval. Pero hay días en los que la percepción de las cosas cambia y uno no busca el silencio o la tranquilidad que necesita en otras ocasiones.
Nada más entrar tengo la suerte de encontrarme con una txikita que conozco desde hace mucho, trabajaba en un restaurante del Kasko Viejo y que la verdad es que es un encanto, simpática como la que más y siempre con esa alegría en su cara.


Son ya varias las visitas realizadas al restaurante con lo que la elección de los platos es más sencilla. Tienen algo que me encanta y es una carta de vinos que por un añadido en el precio del menú te permite, sin un coste  excesivo, elegir otro vino superior.

Mesas de correcto tamaño, sillas de diseño, ausencia de mantelería, correcta vajilla y coperío. Aperitivo consistente en unas pequeñas aceitunas “viejas”, como las llamo yo que están muy ricas y por supuesto una bandeja de pan, un pan crujiente, por pintas de pan recién horneado y de rico sabor

Me apetece beber hoy un cava,  así que decido elegir un  Agustí Torrelló 2009. Ya lo he bebido en otras ocasiones y se que está rico. Su burbuja es fina, queda lágrima en la copa, tiene toques a dulce.

 Me encanta el postgusto que te deja en boca y cada día descubro mejor que este tipo de bebidas van bien con prácticamente la totalidad de platos que puedas encontrarte.

En el menú tienen varias opciones de primeros, segundos y postres y tan sólo algunos platos tienen un pequeño coste añadido que aparece reflejado en la carta, como por ejemplo el solomillo.

Pues comienza con la cena que ha consistido en:



Huevos de caserio asados a baja temperatura con puré de patata. Un plato que ya he tenido el placer de degustar en alguna otra ocasión y que me encanta por lo que no me importa repetir. Al abrir las yemas se percibe ese color fuerte, ese color que no obtienes de huevos de mala calidad. Da gusto untar el pan Sabores marcados, sabores de siempre pero que no por ello dejan de sorprenderte. Estupendo.


Verduras y ñoquis salteados con jugo de queso Idiazabal. Muy buen punto de las verduras, todas ellas con muy buen sabor, el jugo de queso líquido que te añaden le da un toque tremendamente sápido al conjunto.


Merluza asada, pisto y emulsión de jamón ibérico. Una estupenda ración de un pescado fresco, en su punto, con mucho sabor realzado por el pisto que lo acompaña.


Rabo de vaca deshuesado con puré de patata con un toque picante y unas pequeñas bolas de salsa de ajos. Me gusta a mi que no me vendan gato por liebre. Demasiadas ocasiones donde reza rabo de toro en la carta. Si al final puede estar tan rico e incluso más. Pues rabo de vaca, bien preparado y no penséis que lo de los ajos sabe a ello, simplemente un pequeño toque, para nada exagerado.


Crema de lima y pomelo, helado de yogurt y bizcocho.
Fresco a más no poder, ligero, apetecible, conjunción muy bien conseguida de todos los diferentes componentes del plato.


Manzana Fuji impregnada en jugo de regaliz y helado de leche. Un poco “complicado” el sabor de la manzana y más para una persona como yo, poco amiga del regaliz y de la menta, de la que tiene un toque marcado. Está rico y más si lo mezclas con el helado con lo que disimula y mucho el potente sabor de la manzana.


Han sido dos postre muy ligeros y frescos que ayudan a digerir mucho mejor la cena.


Considero que es un menú muy bien logrado en tema de cantidades, no sales ni con hambre ni con sensación de plenitud y además creo que tiene una estupenda relación calidad precio. Eso sí, si sois amigos de los vinos y pretendéis disfrutar un poco, no elijáis el del menú. Tenéis opciones y buenas para cambiarlo.
La tipica cajita con los detalles para el café que en mi anterior visita una “pequeña brujilla” me dejó sin probar pero que están riquísimos.
Una pena la climatología y no poder tomar el cafecito en la terraza como se merece. Bueno, hay muchos más días, hay muchas más oportunidades.

Creo que han acertado con este modelo de local, juegan con la tremenda ventaja de su ubicación y del tremendo atractivo que supone el museo pero además cocinan bien, sin engaños. Un servicio atento y amable que ayuda al éxito.

El precio pagado por todo lo degustado ha sido de 72 euros, estupenda relación calidad- precio.
Su página web: www.bistroguggenheimbilbao.com 

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