7 de diciembre de 2013

MENDIONDO: Buen producto y estupendo trato al vino.

Llevaba yo mucho tiempo ya con ganas de acercarme a este restaurante pero por una u otra cosa lo había ido dejando. Además el hecho de ir generalmente a cenar hace que ciertos sitios sean un tanto más complicados. Por fin ha llegado el día y desde luego que no va a ser la última visita.


El entorno es totalmente rural pero muy cerca de la "civilización", la casa es un precioso caserío y justo antes de entrar te encuentras con un horno de leña que si fuese un poco más grande, bien pudiera ser la casa de mis sueños.

Me imagino yo con una mecedora en ese jardín..... jubilado.....
Qué bonito es soñar despierto.


En la puerta nos encontramos con el camarero que nos va a atender junto con el propietario, durante toda la comida, personas que irradian buen hacer, conocimiento y simpatía. De la buena, no de la "treatera". Charlamos un rato con él antes de pasar al comedor. Un bonito comedor, con un fuego bajo al fondo, enormes ventanales con vistas a los colores del otoño y una sensación cálida que enseguida nos explican que se debe al suelo radiante. Pues se está de vicio.
Mesas suficientemente amplias y con correcta separación entre ellas, buena la vajilla y cubertería, buena mantelería y copas de vino schoot ,

Enseguida nos preguntan si vamos a tomar agua y como tenemos costumbre, ya sabemos que buena no es pero es costumbre, pues pasando que es gerundio, así que a elegir vino. Para ello, Josu, el propietario que parece ser un entendido en toda regla, nos pregunta por nuestros gustos y además dice que prefiere esperar a que sepamos lo que vamos a comer para sugerirnos uno u otro.
Nos trae la carta y además nos canta lo que tienen fuera de carta y con el detallazo,, muy poco común por desgracia, de decirnos, sin preguntar, los precios de lo ofertado. Mientras nos lo pensamos, nos traen el pan, muy crujiente y recién horneado, de dos variedades, a cada cual más rico y una muestra de aceite de oliva.


En vitrinas repartidas por el local, vemos txapelas de haber ganado premios a las mejores morcillas y chorizos así que no me voy a quedar con las ganas de probarlos. Desde luego que el premio se lo tienen merecido, un chorizo muy rico, él mismo nos dice que un tanto tierno tal vez pero se deja comer de maravilla. Limpio, con muy poca grasa y sabor, mucho sabor.

La morcilla, media ración, acompañada de unos pimientos rojos asados por ellos mismos y de su propio caserío. Si el chorizo estaba rico, la morcilla se pasa. Piel un tanto crujiente, interior muy jugoso, punto idóneo de sal y los pimientos ya son casi de medalla de oro. De los que sabes que no te van a "repetir" pero que repetirías gustoso. Carne tierna con un ligerísimo punto dulce pero casi inapreciable. Me han encantado. Hasta el ajo estaba suave y no he podido evitar la tentación de comérmelo.


Anteriormente habíamos ya hablado de vinos y ante algunas sugerencias, entre todos, llegamos a la conclusión de que vamos a beber algo desconocido para nosotros.

Un vino blanco de Australia, un Koonunga Hill Chardonnay,
Viene frío, casi demasiado, así que nada de cubiteras que uno va aprendiendo. En nariz lo primero que noto son hidrocarburos y como soy un "tremendo entendido", le pregunto que si lleva Riesling.
He asociado esa nariz con la de algunos Riesling alemanes. Lo que hace la ignorancia. Nos ha gustado y a medida que perdía temperatura y se aireaba más rico nos parecía. Ha maridado estupendamente con todo lo elegido. Un aplauso para el sumiller.

Tenía encargo de unos amigos que sí saben de estas historias de sacar fotos de vinos "viejunos" pero en carta no están y me permiten visitar la bodega. Allí hay muchas cosas, qué recuerdos el Rioja Siglo, con su saco característico. Hay botellas que tienen más de 80 años......

Sigamos con la comida que me "emociono". Una ración de hongos, concretamente boletus edulis. Tamaño para quedarse uno servido. La textura de las que no es nada fácil encontrar y que cada día me gusta más. Un tanto "tiesa", permite mantenerlos en boca más tiempo y disfrutar más de ellos. Señores y señoras, un plato de diez. Nada que objetar y mucho que alabar. Esa madre que está en la cocina sabe hacer bien las cosas.


Pasamos a los pescados. Mi compañera se decanta por una ración de mero. Servido con un acompañamiento de trigueros y una rodaja de naranja más bien de adorno. Un pescado fresco, sin añadidos, buen punto, muy jugoso. Producto excelente y buena mano. Con esto se hacen cosas así.


Yo he leído bacalao al pil-pil y a mi esas cosas "me ponen". Así que poco o nada dudo.
Desde luego que del producto no puedo decir nada malo, todo lo contrario. buena pieza, buenas láminas que se separan con facilidad pero el pil-pil no me ha dicho nada. Mal ligado y con un sabor no demasiado atrayente. Ha sido la única pega de toda la comida así que tampoco le vamos a dar una importancia excesiva. Pero esto son sensaciones y la mía ha sido esta.


Llegamos ya tocados al apartado dulce pero no nos vamos a ir sin probar algo.


 Como hoy estamos siendo fieles a una rutina que estamos cogiendo de casi ni mirar las cartas y preguntar pues nos han recomendado:  tarta de queso casera con helado de queso y acompañamientos varios.
Ahora sí que toca redoblar campanas. La tarta de queso está que se sale, rica sería poco decir, más que eso. Estupenda. El helado de queso es una estupenda pareja de baile en esta ocasión y no defrauda y las frutas, chocolate y una teja que campean por allí, no hacen sino acrecentar el conjunto de un postre para recordar.

Les he preguntado si tienen vinos para el postre, he salido a echar un cigarrito y cuando he vuelto me he encontrado 5 botellas diferentes encima de la mesa. Eso es un servicio. Fiel a mis gustos, me he decantado por un PX 1730. Curiosamente cuando lo echas a la copa es como si echases algo que no es líquido, es como una "pasta" pero en nariz y boca es una delicia. Orejones, miel, pasas.......
La copa no es que tenga lágrima, lo que tiene es una buena "llorera". Me dejan la botella para que repita pero hay que coger volante y no se puede jugar con estas cosas. Además al revisar la cuenta compruebo que me han invitado al vino así que otro detalle por su parte.
Un rico cortadito para rematar la faena y como hemos visto y olido unas estupendas txuletas de tamaño XL, volveremos y seguro que encuentra algún vino blanco que maride con ellas.
Por todo lo comido hemos pagado 116 euros por los dos. Realmente me ha parecido un precio muy pero que muy ajustado. Fiel a mis costumbres pienso volver, pero quizás de noche, una noche de junio, de las largas, que tienen ese encanto especial.
La página del restaurante por si le queréis echar un vistazo:http://www.mendiondo.com/


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