9 de noviembre de 2013

MUGARRA: Triple salto con tirabuzón.

 Aunque parece que acudimos muy a menudo resulta que ha pasado medio año desde la última visita. Y eso es imperdonable.
Viernes noche, llamo al mediodía para reservar. Pues menos mal, completo, pero completo de completo.
En la mesa, perfectamente vestida, un centro de flores precioso y un pan que tiene una pinta espectacular.
Aquí se viene a comer pescado, simple y llanamente lo mejor es dejarles que te recomienden, dejarte guiar y aunque vengas con la mente en algo concreto, casi seguro que terminarás comiendo algo diferente.

Nos aparecen con una bandeja llena de diferentes peces de distintos tamaños para que vayamos eligiendo. ¿Rodaballo?, ¿Besugo? ¿Rey?....

Al final nos decantamos por uno y en base a ello, nos recomiendan unos primeros a compartir.

Almejas a la plancha de un tamaño de la talla de las camisas que voy a tener que empezar a usar yo como no me enmiende, es decir XL.


Sabrosas a más no poder, mucha carne, una salsa de las de untar pan pero que un servidor, ayudado por la mejor cuchara del mundo que no es otra que la cáscara de una de las almejas, da buena cuenta de ella.


Txitxarro en vinagre preparado como las anchoas, media ración en previsión de lo que más tarde nos espera, riquísimo, unos trozos sin desperdicio alguno. Producto, producto y más producto.
Le llega el turno al pescado elegido, un señor pez que realmente no es tan grade como algunos otros que hemos comido pero que da de sí más que ninguno de ellos.

Lenguado en su propio jugo con patatas y cebolla potxada aquí viene lo del título del comentario. Espectacular, sin palabras. Cierro los ojos una y otra vez. Disfruto como un verdadero chiquillo.


 Perfecto, aquí no encuentra pegas nadie y el que las encuentre es porque realmente tiene algún problema gustativo.
Por allí vemos salir todo tipo de pescados: rodaballos, nuestros vecinos de mesa, unos madrileños muy simpáticos han pedido un besugo del que han dejado lo mismo que nosotros, es decir, nada.
Los platos va a la cocina casi como antes de estrenarlos.
No es pasión de "madre", no. Esto es trabajar los peces, si yo fuese un pez me gustaría terminar mis días aquí.


No es que uno tenga hambre pero los postres de este restaurante merecen la pena y pedimos para compartir una Crema de queso con frutos rojos presentada en una copa muy bonita, en cantidad que engaña por el fondo de la copa. Suave, muy suave, cremosa, dulce pero sin empalagar. Un final feliz para cena de las de enmarcar.


Para acompañar al postre, un par de copitas de Pedro Ximénes Spinola del que nada voy a decir pero que ya se me entiende.
Para regar todo ello y como siempre, nos dejamos aconsejar, cuidan el vino y lo cuidan mucho.


Siempre procuramos probar algo diferente y en esta ocasión y conocedores de nuestro gusto, nos han recomendado un Sauvignon blanc, Finca La Colina 2012 a un completo ignorante como yo le hace una tremenda ilusión descubrir a la primera los aromas de un vino y en esta ocasión, casi sin darme tiempo a meter la nariz, el olor a mango ha inundado mis "olfativas". Fruta y fruta.
En boca marca bien la acidez y el postgusto es agradable, invita a paladearlo. Alguien me dirá que menudos vinos que bebo pero ande yo caliente........
Un cortao de los de quitarse el gorro, para tanto ha sido que al de poco me he pedido otro. Que poca importancia se le da muchas veces al café pero en este caso ha sido un final perfecto para una cena perfecta.
Después de 3 horas y media y abandonando los últimos el local, con una gente que disfruta viendo disfrutar, sale uno como un campeón.
Además el personal de este restaurante "marida" maravillosamente con su cocina: profesionales, atentos y simpáticos a más no poder.
Puedo prometer y prometo que volveré.

El precio ha sido de 65 euros por cabeza todo incluido que dada la excelente calidad nos parece un precio justo.
Página web del restaurante: http://www.restaurantemugarra.com/

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