16 de noviembre de 2013

LAURAK: La pelea del día a día.

Las cosas ya no son lo que eran. Todos íbamos de "campeones", daba igual el precio, daba igual la calidad, todo nos importaba un pimiento. Entraba y salía.
Ahora todo ha cambiado, hay que currárselo día a día. Hay que demostrar que lo que haces merece la pena. En este pueblo, otrora todo "alegría", la gente se lo piensa dos, incluso tres veces. Cuesta gastar y cuesta entender el esfuerzo de esta gente que tiene que luchar a diario para ganarse la vida.
Las opciones se van reduciendo, la posibilidad de cenar, sobre todo cenar se van complicando.

Pero sabemos que aquí no fallan, algo hacen bien para tener el éxito que tienen siendo quienes son.
Llegamos alegres, sin reservar, pensando que con el día de perros que hace quizás la gente se haya quedado en sus casas, pero error, no sin remedio.
Los colores del otoño, maravillosos, irrepetibles, nos dan de vez en cuando una alegría.


Una mesa, menos mal. La última pero a nosotros nos sirve de sobra. Es un local que es lo que es, un restaurante de pueblo, que cuida la calidad, el producto, que mima a su gente, que sabe que las cosas están complicadas pero que luchado se puede y ellos lo consiguen.
Su carta es principalmente de platos combinados, ensaladas, hamburguesas, bokatas.......
Pero tienen pescados y carnes y además te ofrecen platos fuera de carta según la temporada.
Hoy tenían champiñones.


Yo no sé cómo lo hacen, pero están cojonudos. Bien preparados, la textura bien conseguida, la salsa está simple y llanamente de muerte. Un plato simple, un plato ¿fácil?, pues no lo sé pero no es tan sencillo encontrarte algo similar. No es cocina de diseño, la cocinera no es estrella michelín, ni siquiera es famosa. Pero esto es cocinar como las amatxus. Rico-rico. Muy rico.
En la mesa colindante, piden una ración de pulpo y como somos unos "envidiosos" pues a ello que nos vamos.


De nuevo un buen producto, bien tratado. Cada día me gusta más el pulpo con esa textura un tanto "tiesa", un pelín "dura" que te permite tenerlo un rato más en boca y disfrutar aún más de su sabor. Los "polvos mágicos" le dan un toque excelente y el aceite, que es algo fundamental en este plato, es de buena calidad. Temperatura ideal, que ni te quema la lengua, ni te deja indiferente.
Muy buena ración de algo cotidiano pero que muchas veces no valoramos en su justa medida.
Si algo tratan bien en este local es la carne, la miman, saben elegir y siempre aciertan.
Con ganas me comería un txuleton pero quizás sea demasiado. Alguno que otro pasea por nuestro entorno poniéndonos los dientes largos. El propietario me dice que otro día le diga que quiero una txuleta de peso mediano, de unos quinientos o seiscientos gramos, pues vale, ahora ya lo sé.
Así que hoy me he decantado por ir a lo seguro, a su plato estrella en mi opinión.
Solomillo a la piedra con su guarnición.

Excelente sabor, patatas de casa, pimientos que da la sensación de ser caseros. ¿No lo son? pues sois unos campeones en la preparación. La piedra mantiene el calor estupendamente. No lo pierde.
La carne está exquisita, es de vaca vieja, nada de "inmaduras" que tendrán ternura pero........
Este plato tiene un precio de 11 euros. A mi me parece simplemente un "regalo". Merecería la pena ir sin más a comerse uno y quedarse como un campeón.
Qué mejor prueba de la satisfacción personal que el estado posterior de la piedra presentada:


Otro de los valores seguros de este restaurante es el pan, ni más ni menos que te sirven el que yo compro semanalmente para mi casa. Un pan casero del caserío de Olariaga en mi pueblo. De horno de leña, rico de verdad. Crujiente corteza y miga de las de untar y untar.
Es uno de los pocos locales del pueblo que dispone de unos de mis vinos favoritos, un vino que ha demostrado como la evolución es demostrable. Un vino que va a dar mucho que hablar y encima me lo ponen a un precio excelente.
Hablo de unos de los mejores txakolis que existen a día de hoy.
Itsasmendi nº 7.

Servido en copas de tamaño considerable. Parece que sabe hasta más rico.
Este vino, de un amarillo brillante con toques verdosos, que presenta una nariz muy frutal. Manzana, pomelo......
Muy correcta acidez, el trago es largo, y te pide otro.
Voy aprendiendo o eso creo. La cubitera me gusta pero la utilizo con "inteligencia".
No enfríes el vino para que te "anestesie" la boca, deja que la temperatura sea la ideal. Ni frío ni templado.
Deja que los aromas te envuelvan, deja que tus sentidos disfruten al máximo de lo que quiere darte.
Largo postgusto que pide más y más.
El trabajo de esta bodega va a dar que hablar, desde luego.
Un café rico. Este local es un sitio de diario, de café mañanero, de pintxo de tortilla, de currelas que vamos y venimos.
Saben hacer buen café y eso se agradece.
Charla con Manu, un tío que sabe ganarse al personal, vecino de toda la vida, un tío de a pié, de calle. Llano y sencillo.
Muchas veces nos olvidamos de que no sólo de estrellas michelín vive el hombre.
Pues me alegro infinito, han "rellenado" puesto que prácticamente han vuelto a llenar el local después de nuestra llegada. Señal inequívoca de que algo hacen bien.
Si algún día pasáis por Laudio, si algún día queréis comer sin grandes pretensiones de platos extraños, si queréis comer buen producto por un excelente precio, éste puede ser vuestro destino.
El precio se semejante homenaje ha sido de 45 euros para dos, todo incluido.

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