12 de septiembre de 2013

SOLANA: Está arriba pero subirá más, sin duda.

Este no es un restaurante al que me plantee ir o no, simplemente me planteo que día ir. Como estamos de vacaciones pues uno no sabe muy bien si es lunes o domingo así que he llamada para reservar por si las moscas y resulta que hemos tenido la suerte de que quedaba una mesa, nada más. Buena señal.


Conocemos ya el restaurante y su cocina y su menú degustación es contundente, demasiado para una cena y aunque sea lo que a uno le apetece, pues hay que cortarse un poco.
Así que a vueltas con la carta y ayudados por un servicio que realmente es tremendamente atento y agradable, hemos elegido unos cuantos platos que después, desde cocina han ido adaptando un tanto a lo que consideraban más apetecible, eso sí, siempre preguntado si nos parecía bien. A un cocinero de esta talla le voy a decir yo que me parece mal?

Tres estupendos panes a cada cual más rico nos ponen en la antesala de lo que va a ser esta noche.
Tenía yo un recuerdo de un cava que tomamos aquí que me encantó así que pedimos una de Gramona Imperial Gran Reserva me ha parecido simple y llanamente una maravilla, rico a más no poder. Esto marida con todo. Me alegro infinito de la elección.
Comenzamos con los aperitivos que consisten en:
Croqueta de bakalao textura, sabor, cubierta... perfecta, no hay más palabras.
Gamba marinada con falso membrillo de sandía presentado en una cuchara otro bocado de impresión, puro sabor y con esas mini bolitas que te encuentras y que tan difícil resulta explotar pero que cuando lo consigues te sorprende con un intenso sabor.
Refresco de tomate y naranja presentado en un pequeño vaso, un trago fresco, con muchísimos sabor tanto la naranja como el tomate. Zumos de tomate así ya me tomaba yo para desayunar a diario.


Pasamos a los entrantes:
Tartar de salmón rojo de Alaska con aguacate y helado de hinojo-pepino la presentación es impresionante, en una especie de parrilla encajada en una piedra, mucho colorido y además le echan un líquido que consigue un efecto precioso de una niebla helada que te hace vivir el momento como si realmente en Alaska estuvieras. Producto de quitar el gorro, sabor por doquier, el punto más que exacto, ideal y la conjunción de los sabores es, desde mi punto de vista, inmejorable.
Ajo-espárrago con tartar de tomate y cola de cigala a la plancha presentado en otra piedra con la base de la salsa de ajo y espárrago, el tartar y la cola de cigala como "guinda" del plato. De nuevo sabor, muchísimo, pero sabor a lo que tiene que tenerlo, sin matarse unas cosas con otras. Fresquísimo plato, no puedo decir de lo mejor porque nada ha sido lo mejor, simplemente todo lo ha sido.

Fideuá de manganos y aire de mar me ha sorprendido pues el sabor de la fideuá seguramente será el más intenso que yo recuerde, lo del txipironcito ya ni contarlo, en esta ocasión sí que he masticado yo unas cuantas veces pero no precisamente porque lo necesitase su textura, no, simplemente porque estaba tan rico que me daba pena terminarlo.
Pasamos a los pescados y en estos hemos coincidido en mesa y en cocina, estamos en su temporada.
Ventresca de bonito del Cantábrico a la piedra de sal "in situ" el producto de diez, la presentación de 10, el saborrrrrrrrrr.... no podemos ponerle el 11 pero se lo merecía. El toque de sal que para mi gusto ha sido milimetrado, exacto. Plato tremendo. Co-jonudo.


Lomos de bonito del Cantábrico encebollados "a mi manera" evidentemente encebollados a "su manera", así me gusta a mi el punto del pescado, nada más abrirlo se ve perfectamente esa diferencia entre la capa superior y el interior, ese color "carnoso", producto de nuevo de primera, punto increíble, volvemos a insistir en el sabor, sabe a ello. La cebolla pochada está que se deshace en boca y acompaña de maravilla al bonito.
Como plato carnívoro nos han sacado unas Carrilleras de ternera lechal estofada al vino tinto y crujiente de yuca aquí le he dicho a mi chica que por favor mastique muchas veces. He comprobado que por mucho que lo hicieses, el sabor se mantenía en boca. mantequilla pura la carne. Ya no tengo casi ni palabras pues tengo que repetirme aunque no lo pretenda. Impresionante todo.
Aunque no tenemos hambre precisamente, un postre hay que comer.
El huevo frito a la vista eso mismo es, un huevo frito. Eso sí este lo que está es hecho en frío, con nitrógeno líquido. Base que parece la cáscara con sabor a coco, la crema que representa a la clara rica y la yema, que además es gracioso que al cogerla es como si lo fuera, con sabor a mango. Muy suave, sin sabores que matan, fresco, nada pesado. Otro logro más.


Un cortao preparado de manera sublime, con la media perfecta de café y leche, es decir, un toque de leche, muy, pero que muy rico.
Sorpresa final con un re-postre con la presentación similar a los aperitivos, en forma de gominola de GT, cucharilla de duce con piña o algo así y un txupito de naranja.

Con esto he tenido un "problema" pues al pedir un vino dulce me han sugerido que pruebe el Inniskillin vino de hielo de Canadá. No pienso decir nada de sabores ni no sabores, ni aromas ni demás. Esto es para meterlo en boca y no tragarlo, darle vueltas y más vueltas. La sensación es increíble. Esto no se puede definir con la palabra rico, creo que habrá que inventar otra.
Pues hoy ha sido una de esas noches donde uno sale como un campeón, donde uno piensa que esto es lo mejor que le puede pasar. Donde cuando te dan las gracias por haber ido, no te queda otra que decirles gracias a vosotros por hacernos sentir así.
Creo que este restaurante está muy arriba pero si las justicia existe (cosa que dudo cada día más), llegará más alto aún,
Charla con Ignacio mientras me fumo un par de cigarrillos.
Pues lo dicho, lo que habéis estado me entendéis y lo que paséis por Cantabria ni se os ocurra perdéroslo, os arrepentiréis toda la vida.
Gracias de todo corazón por un experiencia inolvidable.

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